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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

72 FERNANDO CALVO GONZÁLEZ-REGUERAL Para los soldados perezosos que no leyeran la prensa, la vieja tradición del Ejército español de la orden del día, con mención de hechos de armas destacados, era otra valiosa fuente de información. En las órdenes se recogían no solo las novedades de laureadas y medallas militares concedidas, sino que también se informaba del inicio de los expedientes contradictorios de diferentes hechos de armas, por lo que el lector atento podía estar perfectamente enterado de los hechos valerosos que otros compañeros iban haciendo a lo largo y ancho de los frentes de combate de España. Por centrarnos en las columnas del Sur que avanzaron sobre Madrid desde el verano de 1936 hasta noviembre de aquel año, las unidades fueron dejando un auténtico reguero de cruces y medallas individuales y colectivas como podemos apreciar en los cuadros vistos en el punto anterior (en torno a 45 altas condecoraciones solo antes del asalto de noviembre a Madrid, cuyas medallas se cuentan en línea aparte). Un ejemplo paradigmático de lo que decimos es el del teniente don Luis Ripoll en Almendralejo. El teniente don Luis Ripoll López, nacido en 1908 e ingresado en Ingenieros en 1925, hijo a su vez de laureado (el capitán de Infantería don Antonio Ripoll y Suavalle, el capitán ‘mano de plata’, muerto asaltando con bravura una posición en la zona de Melilla, en 1909), solicitó desde el inicio de la guerra pasar a la Legión, a pesar de estar destinado en el Batallón de Trasmisiones de Marruecos, lo que consiguió pronto. Con su columna tomó parte en numerosas acciones de guerra, haciendo labores técnicas propias de su arma de origen, sin olvidar el cuerpo del que ahora formaba parte, distinguiéndose siempre por su acometividad, tanta que los que le conocieron aseguraban que estaba obsesionado con la laureada, tratando de emular al padre (o, al decir, del poeta Eduardo Marquina, soñaba el último sueño / con la Cruz de san Fernando). Dejemos que sea la propia orden de concesión de su laureada la que nos cuente su hazaña: El 11 de agosto de 1936 pocos días después de ser ocupado el pueblo de Almendralejo (Badajoz), el jefe de la I Bandera encomendó a una de sus compañías el asedio de la iglesia, en cuya torre se había hecho fuerte un grupo de unos cincuenta milicianos que hostigaba las calles con fuego de fusil y se defendía tenazmente con granadas de mano. El teniente Ripoll, aun cuando no prestaba sus servicios en la compañía, quiso facilitar al mando la resolución de aquel episodio, y, a tal efecto, pidió permiso para penetrar en el templo y colocar una carga de trilita en uno de los peldaños de acceso a la torre, con el fin de producir su voladura. Autorizado por el jefe de la bandera, el teniente Ripoll, acompañado solamente por un legionario, franqueó a pecho descubierto la plaza de la iglesia, muy batida por el enemigo, siendo herido en el empeño. Una vez al abrigo de los muros Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 72-96. ISSN: 0482-5748


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