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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

80 FERNANDO CALVO GONZÁLEZ-REGUERAL caballetes una pasadera completamente de circunstancias que pronto será llamada ‘Pasarela de la Muerte’, único cordón umbilical, aun fragilísimo, por el que alimentar la brecha y sostener el esfuerzo atacante. Para no alargarnos en la narración de la toma de la Universitaria, lo que excedería los límites de este apartado, diremos sólo que desde entonces hasta el día 22 de noviembre los nacionales irán embebiendo unidad tras unidad en la cuña, buscando el Clínico y las primeras calles de Madrid, pero también ensancharla por sus flancos para poder sostenerla, pues el enemigo está volcando todo su potencial –mucho a estas alturas- para estrangular la cuña (el propio Miaja, probablemente exagerando, dijo que había más de 50.000 hombres para defender Madrid; lo que sí está claro es que los republicanos contaban entonces con más de 100 bocas de fuego y los ‘recursos casi inagotables de una gran ciudad’, al decir de don Gregorio López Muñiz, para levantar un muro contra el que se estrellarán los nacionales). A lo largo de esos días, en un esfuerzo ímprobo, las escasas fuerzas rebeldes –tres columnas a tres unidades tipo batallón cada una en primer escalón más unos refuerzos de otros cuatro batallones como máximo en segundo escalón, 8.000 hombres a lo sumo-, tomarán el Hospital como posición más avanzada de su flecha de ataque, las residencias y parte del Parque del Oeste por la parte sur de la cuña y el palacete de la Moncloa por el norte para proteger el paso del Manzanares, talón de Aquiles que tendrán a lo largo de toda la guerra. Las máximas recompensas se van a suceder a lo largo de toda la guerra en el recinto. Precisamente por proteger el paso del Manzanares, en uno de los múltiples ataques que recibió, el sargento de Artillería don Herminio Gómez Corada y el cabo don Gonzalo Díez García, se harían acreedores a sendas medallas militares individuales al inutilizar varios tanques que amenizaban la pasarela con su pieza contracarro de 37 milímetros la orden de concesión dice que, contando con solamente una pieza que trasladaron a diferentes lugares para dar al enemigo la sensación de disponer de varias, inutilizaron trece carros rusos, animando con su ejemplo a las fuerzas combatientes, que en ningún momento se vieron desamparadas de defensa antitanque, llegando a veces a atravesar las líneas y salir de ellas para acudir más rápidamente y hacer un tiro certero y eficaz, como se demostró por los resultados obtenidos10. De nuevo vemos la importancia que se daba a la eficacia unida al valor, condicionado éste a las mejoras en los resultados tácticos. 10  O.C. de 1 de diciembre de 1938 (B.O. núm. 166). Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 80-96. ISSN: 0482-5748


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