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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

O´DONNELL EL ESPADÓN 105 mentalmente protagonizados por mujeres, en el caso de Zamora51. La revuelta se fue extendiendo por todo el territorio nacional y en abril de 1865 las algaradas en Valencia y Granada los fueron contra las quintas, algo que preocupaba especialmente a los militares, no sólo por que cuestionaba el ejército regular, sino que siempre que ocurrían, se reflejaba en actos de indisciplina en los regimientos. Espartero parecía perder partidarios entre los progresistas por su prevención contra los conflictos que podían derivar en revolucionarios. A su vez, O´Donnell ganaba prestigio entre los moderados y los burgueses. Un enfrentamiento en el consejo de ministros entre O´Donnell y Patricio de la Escosura, ministro de Gobernación y responsable del mantenimiento del orden público, surgió al negarse éste, según don Leopoldo, a disolver una unidad de la Milicia que estaba dando provocando algaradas en Madrid52. Espartero entonces, como presidente del Consejo, exigió la dimisión de ambos ministros enfrentados, cosa que hizo Escosura, pero no así O´Donnell, viéndose obligado el presidente del gobierno a presentar su propia dimisión a la Soberana. Esta, de inmediato la aceptó y encargo el gobierno a O´Donnell, quien fue recibido en las calles de varias ciudades con revueltas por parte de milicianos, pronta y duramente sofocadas por don Leopoldo, con la inestimable ayuda del capitán general de Castilla la Nueva, el general Serrano. Los diputados progresistas encerrados en el Congreso como protesta por la caída de Espartero, fueron desalojados por las tropas de Serrano que, con esta acción se sumaba a O´Donnell y a su proyecto político. Por su parte, el general Prim, ascendido a teniente general también, como muchos militares, abandonaría en estos momentos el partido progresista para abrazar la causa unionista de don Leopoldo. Retirado definitivamente en su casa de Logroño Espartero y Narváez aparentemente desactivado, era O´Donnell el espadón del momento y se aprestaba, por fin y sin interferencias a formar gobierno y poner en marcha su proyecto fusionista. Para ello contaba con dos hombres fuertes, Nicomedes Pastor Díaz, a quien encomendó la importante cartera de Estado y Antonio de los Ríos Rosas, a quien puso al frente de Gobernación. Don Leopoldo se reservaba la cartera de Guerra, además de la presidencia del Consejo. Disolvió las Cortes y, ante el problema de haberse aprobado el texto constitucional en que se estaba trabajando, O´Donnell optó, en una decisión que él mismo calificó de “acto de dictadura”53, promulgó la Constitución de 1845, con un Acta Adicional con algunas medidas para contentar a los progresistas que la Reina ratificó. 51  URQUIJO Y GOTIA, José Ramón: “La revolución de 1854 en Zamora”, en Hispania, LI/I, núm. 177 (1991), p. 251. 52  Diario de las sesiones de Cortes. Senado, de 18 de mayo 1857, p.68. 53  Ibídem, p. 49. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 105-122. ISSN: 0482-5748


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