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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

una ventana del cuartel poco antes que las tropas gubernamentales ocuparan el local. Sin duda, debió impresionar al de Reus que los militares progresistas siguieran pensando en el anciano caudillo liberal. Pero no se arrugó el general Prim, ni cambio su intención revolucionaria porque su antiguo jefe de partido, el general O´Donnell, tomara de nuevo el poder, el 21 de junio. Y el 3 de enero de 1866, una nueva sublevación estalló en la provincia de Madrid, al insubordinarse en Aranjuez y Ocaña, los regimientos de Caballería de Calatrava y Bailén, respectivamente, no al mando de sus coroneles, sino de un comandante y un capitán. Los amotinados, perseguidos por otros mandos de las unidades llegaron a Villarejo de Salvanés y allí se enfrentaron a una columna gubernamental mandada por el general de Caballería Juan de Zabala, a quien O´Donnell había encargado el ministerio de Marina. Prim y los suyos terminaron huyendo y refugiándose en Portugal. La siguiente intentona revolucionaria de Prim, sería más sangrienta teniendo como escenario Madrid y con unas consecuencias importantes, sobre todo en el ámbito militar. Se trata de la asonada conocida como las “Sucesos de San Gil”, por desarrollarse en el acuartelamiento de este nombre, antes sede de un convento de frailes franciscanos descalzos seguidores de San Gil, ocupado por la Artillería y que estaba situado en el solar que hoy ocupa la céntrica Plaza de España. En la conspiración, además de Prim, estaban comprometidos políticos progresistas civiles muy significativos, como Manuel Ruiz Zorrilla, Práxedes Mateo Sagasta y Manuel Becerra. Este último, encargado de movilizar al paisanaje madrileño y detener a los generales O´Donnell, presidente del Gobierno, Serrano y los dos Gutiérrez de la Concha. Esto, al menos, es lo que figuraba en el informe dirigido a su jefe de insurrección, el general Prim, por el capitán de Artillería Baltasar Hidalgo de Cisneros, destinado en San Gil y firmado el 6 de agosto de 196663. La idea de los conspiradores era insubordinar a los sargentos de Artillería, descontentos porque, al ascender a oficiales, les obligaban a cambiar de arma o renunciar al ascenso. La jornada del 22 de junio fue muy sangrienta en Madrid. Los suboficiales mataron a varios oficiales que se encontraban, desprevenidos, en la sala de banderas del regimiento de Artillería de San Gil y sacaron varios cañones a la calle. Narváez consiguió salir de su casa, en la Plaza de la Villa y sumarse a las tropas del Gobierno, que en pocas horas dominaron la situación, no sin antes recoger más de doscientos muertos de las calles. Prim escapando a Portugal también lo hizo de la dura represión que impuso 63  En GONZÁLEZ-POLA, La Configuración, ob. cit, pp. 57-58.


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