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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

O´DONNELL Y LA POLÍTICA DE PRESTIGIO DE LA UNIÓN… 127 la república- y con una revolución industrial menos eficiente que la inglesa, soñaba con arrebatar a Gran Bretaña el título de imperio más grande del siglo XIX, acción que pasaba por lograr que España continuase siendo un actor secundario, bajo influencia gala, en la partida de poder que Londres y París, amigas y aliadas circunstanciales, estaban jugando. A mediado del siglo XIX, a pesar de haber perdido un cuarto de siglo antes sus enormes territorios continentales americanos -Méjico, el sur de Estados Unidos, todo América del Centro y del Sur salvo el Brasil portugués-, España seguía teniendo unas posesiones coloniales más que envidiables: Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo y en Asia el inmenso islario de las Filipinas más, en el centro del Pacífico, los ricos y casi olvidados archipiélagos de Carolinas, Marianas y Palaos, a los que se unían los derechos de España sobre islas y zonas continentales en el golfo de Guinea. En una época inmediatamente anterior, durante el siglo XVIII, soldados del Rey de España -como Gálvez, Lezo o el general Ricardos- habían logrado victoria tras victoria sobre todos sus enemigos. La toma de Orán en 1732, la defensa de Cartagena de Indias en 1741, o las hazañas de “El Glorioso” en 1747 habían dado paso a una etapa de crisis política y militar que se había evidenciado con la derrota naval de Trafalgar en octubre de 1805 y que había convertido a la España de los Borbones, con posesiones en los cinco continentes, en una nación sin verdaderos recursos navales para sostener su imperio ultramarino, sumida en una profunda crisis interior, lo que no había impedido que, a pesar de todo, los ejércitos españoles, en coalición con británico y portugueses, humillasen a Napoleón, el capitán del siglo, en el Bruc, Bailén, Alcañiz o en la batalla de Tamames. Uno hechos de armas que había causado la admiración, junto a la constitución gaditana de 1812, del mundo civilizado de comienzos del siglo XIX. La Guerra de la Independencia, aún así, a pesar de haberse saldado con la victoria de los españoles, había sido una victoria pírrica, con un resultado terrible para España: había causado la destrucción de puentes, carreteras y todo tipo de infraestructuras; provocado la pérdida de gran parte de la incipiente industria española -en buena medida a manos de nuestros aliados ingleses…- junto a los saqueos y destrucciones de siete largos años de guerra continuada sobre suelo nacional que sumieron al país en la pobreza y el atraso. Todo esto, en unos momentos en que otras naciones, especialmente Inglaterra, daban el gran salto adelante de la mano de la Primera Revolución Industrial para convertirse en el más grande imperio colonial y fabril del siglo XIX. En unos momentos, tras el Congreso de Viena, en que comenzaba una nueva etapa en la carrera por la hegemonía continental y el dominio colonial, por el control de las vías marítimas mundiales y la preponderancia Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 127-158. ISSN: 0482-5748


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