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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

132 LUIS EUGENIO TOGORES SÁNCHEZ si la comparamos, con sus fortalezas y debilidades, con Prusia, Austria e incluso la Rusia de la segunda mitad del siglo XIX. Ser gran potencia era más un título honorífico, de reconocimiento por parte de las naciones más importantes de Europa de mediados del XIX, que un hecho cuantificable al estilo de las cifras abrumadoras de crecimiento económico, endeudamiento, etc. que nos son habituales a comienzos del siglo XXI. Las claves de la consideración de ser gran potencia se cifraba en la percepción que sobre una nación tenían los gobiernos de su entorno que asimismo se auto titulaban grandes potencias. Un club nacido en la Europa de los Congresos y del que España fue excluida con la finalidad de dejar abierta la puerta al saqueo de la América española. Esta percepción se sustentaba en cuestiones como la fuerza de los ejércitos y marina de guerra, en el desarrollo industrial y comercial y, sobre todo, en la extensión y riqueza de sus posesiones ultramarinas. En los cuarenta años que fueron desde la derrota de Napoleón en Waterloo a la llegada de la Unión Liberal al poder se fue evidenciando la progresiva debilidad de España, situación alentada por Francia y, sobre todo, por Inglaterra, dos naciones que seguían expandiendo sus imperios ultramarinos e intereses comerciales de forma imparable y a cualquier precio. Mientras que la sociedad británica, francesa, alemana e incluso, en ciertos momentos, la italiana veían una forma de engrandecer la nación y exorcizar los demonios nacionales mediante la expansión imperialista, los españoles, con la excepción de Cuba, veían en su defensa algo sin mucho interés o una carga difícil de justificar. O´Donnell, siguiendo la dirección que marcaba su tiempo, intentó seguir el camino de la consolidación y crecimiento de sus posesiones coloniales, siguiendo la ruta que, en las más importantes monarquías de su entorno, se estaba desarrollando con éxito. Un expansionismo en materia colonial que marcaba el principal camino de la alta política internacional de la época y que producía fuertes tensiones entre Francia e Inglaterra y de éstas con otras potencias occidentales y que evidenciaba su importancia en la asunción en 1858 por la corona británica de sus intereses en la India tras el motín de los cipayos, el establecimiento de su presencia en Hong Kong en 1841 o el aumento de su influencia e intereses en Egipto y en la futura Sudáfrica dentro una política imperialista a nivel mundial hasta lograr que ambos territorios cayesen bajo administración británica. Una carrera colonial en la que participaban muchas naciones y que terminaría provocando la Primera Guerra Mundial. En esta pugna, en tiempo de Luis Felipe, Francia se fue quedando lenta pero progresivamente retrasada, en una carrera que lideraba la Ingla Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 132-158. ISSN: 0482-5748


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