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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

O´DONNELL Y LA POLÍTICA DE PRESTIGIO DE LA UNIÓN… 149 por lo acordado, finalmente, los intereses británicos fueron los que salieron, como siempre ocurría, los mejores librados. En Madrid, el 22 de febrero de 1862, el ministro de Estado, Calderón Collantes, informaba a Prim, gracias a las noticias del embajador español en París Alejandro Mon, que Francia aumentaría en más de 4.000 hombres sus fuerzas en Méjico de cara al proyecto de Napoleón de entronizar sí o sí a Maximiliano de Austria como nuevo emperador de Méjico. Calderón Collantes advertía a Prim que sería estúpido ayudar a la ejecución de un proyecto que no había sido concebido en interés de España, del que al igual que en Cochinchina habían sido marginados hasta que todo estaba decidido. El propio O´Donnell, en una carta de 21 de febrero de 1862 decía: «No tenemos compromiso ninguno sobre el proyecto monárquico francés» y de manera muy confidencial añadió «por mi cuenta le diré a usted que me parece un disparate pensar en una monarquía para México». En marzo el general Charles Ferdinand Latride, conde de Lorencez, desembarcó en Veracruz al frente de 4.711 hombres con órdenes de proceder a la invasión del Méjico, junto con Juan Nepomuceno Almonte, uno de los mejicanos que habían estado trabajando en Europa en favor de la intervención extranjera y el establecimiento de una monarquía. Napoleón III ya había decidido convertir Méjico en un Imperio con el Archiduque Maximiliano de Austria como Emperador y, a ese respecto, Prim recibió un mensaje de París del propio Napoleón pidiendo la cooperación de las fuerzas españolas a su mando “para afianzar el orden en el país mejicano”. El 9 de abril de 1862 se dio por rota la Convención de Londres. La alianza tripartita quedó finiquitada y los representantes de España e Inglaterra27 siguieron negociando sus asuntos con Méjico por su parte28. El capitán general de Cuba Serrano intentó que la expedición española no saliese de Méjico y se sumase al proyecto francés. Prim se apoyó en la ya mencionada carta recibida de O’Donnell en la que planteaba “impedir que España gastara sus tesoros y la sangre de sus soldados para ayudar a construir un trono para el archiduque Maximiliano”. 27  Inglaterra era el mayor acreedor y sus reclamaciones las más correctas, pues desde el imperio de Iturbide los ingleses habían tomado empréstitos y la deuda para 1862 ascendía a 68.535.044,00 pesos. A España se le debían 8.917.986,00 pesos, según lo acordado en el Tratado Mon-Almonte de 1859; que el gobierno de Juárez siempre ignoró. 28  En la última sesión del tripartito del 15 de abril de 1862, el delegado francés de Dubois de Saligny, anunció su apoyo a los conservadores opuestos a Juárez, y acusó a Prim de querer coronarse él mismo como Emperador. Prim rechazó estas afirmaciones y fue en ese momento cuando tomó la decisión de retirada de las tropas españolas; siguiendo su ejemplo los ingleses. Los franceses se quedaron solos. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 149-158. ISSN: 0482-5748


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