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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

152 LUIS EUGENIO TOGORES SÁNCHEZ Con la dictadura de Prado comenzó una guerra a la que se sumaría el 25 de septiembre de 1865 Chile y ya en 1866, el 30 de enero, Ecuador y, el 22 de marzo, Bolivia. El 14 de enero de 1866 se firmó el Tratado de Alianza ofensiva y defensiva , celebrado entre las Repúblicas de Perú y Chile, firmado por el secretario de relaciones exteriores del Perú, Toribio Pacheco y el ministro plenipotenciario de Chile, Domingo Santa María. El tratado invitaba a otras repúblicas sudamericanas a unirse para enfrentarse a la escuadra española. A este tratado luego se sumarían Bolivia y Ecuador. Las escuadras de las cuatro republicas hispano americanas eran poco importantes e incapaces de enfrentarse en una batalla en mar abierto a la escuadra española. La escuadra chilena se refugió en los canales de Chiloé como forma de evitar el combate naval, puntos de concentración al que luego llegarían diversos barcos peruanos como las fragatas Apurímac y Amazonas. Al comienzo del conflicto estaba al mando de la escuadra española del Pacífico el almirante José Manuel Pareja, que se suicidó como consecuencia de haber sido capturado uno de sus buques, la Covadonga, teniendo que ser sustituido en el mando por el brigadier Casto Méndez Núñez quien con la fragata blindada Numancia había arribado a las costas chilenas. Méndez Núñez, venía con órdenes del gobierno O´Donnell de no abandonar aquellas aguas sin antes conseguir la paz a través de una negociación o por medio de las armas. Estas directrices encajaban a la perfección en la forma de entender y hacer las cosas de los gobiernos europeos de la época, en unos momentos en que enseñar la bandera y realizar acciones de fuerza, conocidas como política de la cañonera, eran prácticas normales de cualquier nación que tuviese un cierto peso internacional. Cuarenta años después, en mayo de 1904, los súbditos norteamericanos Perdicaris y Cromwell fueron secuestrados de su casa por los hombres de Lima. Simultáneamente, en Chiclayo (norte del Perú), se sublevaba el coronel José Balta, convergiendo igualmente su movimiento revolucionario hacia Lima. Díez Canseco, que era el segundo vicepresidente, simpatizó con los rebeldes y publicó una proclama que Pezet consideró sediciosa, por lo que tuvo que refugiarse en la legación norteamericana, de donde partió hacia Chile, aunque con el propósito de volver para derrocar a Pezet. En efecto, interrumpió su viaje y desembarcó en Chalay, dirigiéndose hacia Ayacucho. Allí asumió el mando político de la revolución, mientras que Prado conservaba la jefatura militar. Balta lo proclamó como vicepresidente en ejercicio de poder. A fines de septiembre se reunieron en Chincha los dos ejércitos revolucionarios, el de Balta y el de Prado, que sumaban en total 10.000 hombres. El 22 de octubre, Prado y Balta marcharon sobre Lima. El 27 llegaron a Chilca y luego a Lurín, donde acamparon. La defensa de Lima fue muy débil. El Palacio de Gobierno cayó después de un violento combate de seis horas. El populacho intervino dedicándose al pillaje. Pezet, que contaba aún con un ejército, no quiso presentar batalla y se retiró, refugiándose en una corbeta británica surta en el Callao. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 152-158. ISSN: 0482-5748


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