Page 163

REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

162 EMILIO DE DIEGO GARCÍA tipo flemático, de origen irlandés (el “Irlandesito de Lucena”)3 y raíces aristocráticas, marcadamente militares. Y, al otro extremo, D. Juan Prim y Prats; bilioso, puro nervio, con ascendientes catalanes pequeño burgueses dedicados a las más diversas actividades, cuyo padre y abuelos fueron “notarios”, es decir, escribanos. Únicamente su progenitor tuvo vinculación ocasional con el mundo de las armas, en la guerra de la Independencia primero y luego, durante unos meses, en la guerra civil, iniciada en 1833. Liberales los dos pero, convengamos en que el reusense se mostraría más entusiasta de la libertad. Sin embargo, para lo que aquí nos ocupa, conviene señalar que ambos, diferencias sociológicas e ideológicas aparte, tuvieron un sentido político mayor que el de ninguno de sus otros dos congéneres; sobre todo, en lo concerniente a la política internacional. Ciertamente O’Donnell y Prim, habían tenido experiencia de gobierno, como Capitanes Generales, en las Antillas. Don Leopoldo durante más tiempo y en la isla más importante (Cuba, 1843 a 1848); más breve y en destino menos trascendente, la del conde de Reus (Puerto Rico, 1848 a 1849). En cualquier caso se habían asomado a América. Serrano, de quien habremos de ocuparnos en alguna media, también como Capitán General de Cuba (1859-1862). Pero el más curtido en lides de poder había sido don Leopoldo (ministro de la Guerra, ministro de Estado, ministro de Marina y ministro de Ultramar, en múltiples ocasiones, Presidente del Gobierno en 1856 y luego en 1858, 1863 y, con posterioridad a nuestro tema, en 1865. Asimismo el duque de la Torre había sido ministro de la guerra en 1843. Y, más allá del marco cronológico de la expedición a México, volvería a tener responsabilidades de Gobierno. A las alturas de 1861-a862, O’Donnell y Serrano tenían mayor experiencia en labores de Gobierno pero el que más sabía de México era Prim. Las andanzas de nuestros personajes se entrecruzaron no pocas veces, en circunstancias muy distintas. Por lo que respecta a la relación de Prim con O’Donnell, sin necesidad de remontarnos más allá del Bienio Liberal, comprobaríamos que habría resultado relativamente fructífera para el reusense. Fue en octubre de 1855, en un gobierno presidido por Espartero, cuando el vizconde del Bruch fue puesto al frente de la Capitanía General de Granada. Pero el responsable directo de los asuntos militares era el conde de Lucena. No sería su único nombramiento. En conjunto podríamos afirmar que la carrera militar de Prim se vio claramente favorecida, durante el periodo 1854-1856; siempre con don Leopoldo como ministro de la Guerra. Recordemos que en febrero de 1856 alcanzó el grado de Teniente General, 3  O’Donnell obtuvo el título de conde de Lucena del Cid (Castellón) durante la I Guerra Carlista. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 162-200. ISSN: 0482-5748


REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017
To see the actual publication please follow the link above