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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

O´DONNELL, PRIM Y LA EXPEDICIÓN A MÉXICO 163 con O’Donnell rigiendo los destinos del Ejército. Las cosas empezaron a torcerse para el de Reus no cuando Espartero cedió la jefatura del Gobierno, en julio de 1856, y pasó O’Donnell a encabezar el banco azul, hasta octubre del mismo año. Los problemas llegaron cuando el de Lucena perdió el poder. Las cosas volvieron a su cauce positivo en el momento en que el don Leopoldo se encargó no solo de la Presidencia, sino también del ministerio de Estado, junto con Calderón Collantes, siendo el inspirador y ejecutor de la proyección exterior de España en aquellos años. La caída del conde de Lucena acabó a poco con Prim en la cárcel, por orden del nuevo jefe de Gobierno, Narváez, y luego en Francia, por diversos motivos. A pesar de ser elegido diputado en marzo de 1857, bien puede decirse que no sólo su carrera política se resintió hasta mediados de 1858, estuvo prácticamente apartado de la vida pública; al margen de la primera línea política. En efecto, tras el fracaso de los gobiernos moderados (Narváez, Armero e Isturiz), de octubre de 1857 a junio de 1858, retornó el poder al conde de Lucena. La llamada de O`Donnell a integrarse en la Unión Liberal ofreció a Prim la oportunidad de reafirmar su posición en la política nacional. El vizconde del Bruch creía, y así lo había manifestado, que el país necesitaba paz y sosiego, lo que don Leopoldo ofrecía, y para lograrlo necesitaba a progresistas y moderados, con la suficiente dosis de pragmatismo como para superar enfrentamientos tan permanentes como estériles. Bien podrían aplicársele aquellas palabras que se le atribuían “yo estoy aquí para unir por el Padre Santo, que es la Nación y no por los santos catalanes o vascongados”. Con esas perspectivas, el conde de Reus se sumó al proyecto de O’Donnell y recibió el nombramiento de senador vitalicio4. Pero eso no significa que se convirtiera en un parlamentario “políticamente correcto”; es decir, gregario, al extremo de no tener opinión e ideas propias. Aun así don Leopoldo estimaba mucho la “colaboración” de Prim, como lo señaló Pascual Madoz en su correspondencia. No eran precisamente “correligionarios”, pero uno y otro podían respetarse entonces mutuamente. Como ejemplo de esa colaboración, O’Donnell nombró a Prim,, entre 1859 y 1861, Jefe de la División de Reserva del Ejército de África, Ingeniero general y, finalmente, Jefe del Cuerpo expedicionario y plenipotenciario español en México. Podrían existir motivos políticos más o menos positivos, en tales destinos; cabe señalar las discrepancias que mostrarían en más de una ocasión; pero todo ello, en el peor de los casos, no empaña la 4  Ver Morayta, M.: Historia general de España. Ed. Madrid, 1854. Tomo VIII. Libro L. No fue el único progresista llegado a las Cortes de la Unión Liberal. Olózaga, Madoz, Calvo Asensio, Romero Ortíz, Sagasta, Aguirre, Ruiz Zorrilla, y bastantes otros más fueron diputados. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 163-200. ISSN: 0482-5748


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