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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

166 EMILIO DE DIEGO GARCÍA consideran su proceder totalmente ajustado a las instrucciones recibidas del Gobierno. Bueno será que echemos una pequeñas mirada sobre este hipotético o real factor de conflicto no solo de Serrano con Prim, sino entre el conde de Lucena y el de Reus y su importancia en el desenlace de los acontecimientos. Recordemos que las relaciones entre don Juan y don Francisco venían de lejos. Serrano había mantenido con Prim una alianza ocasional en 1843, que resultó decisiva en la caída de Espartero. Y también en la vida del reusense, por el elevado coste político que hubo de pagar, aunque de momento, le valiera el ascenso a brigadier y el título de conde de Reus, ambos firmados por don Francisco Serrano. Sin embargo, desde entonces hasta principios de la década de 1860, sus relaciones fueron menos importantes y más espaciadas; si bien, en octubre de 1855, por ejemplo, el duque de la Torre había presidido la Comisión que hubo de dar el visto bueno al nombramiento del de Reus como Capitán General de Granada. Poco más hasta 1861. Mientras, el duque de la Torre y el conde de Lucena, aparte de otros lazos anteriores, habían compartido momentos decisivos en la liquidación del Bienio Revolucionario y en la creación de la Unión Liberal. En 1859, O’Donnell nombró a Serrano Capitán General de Cuba y, a su regreso de la Gran Antilla le encargó el ministerio de Estado, en el gobierno que presidió de enero a marzo de 1863. Durante la intervención en suelo mexicano se abrió un foso profundo entre el duque de la Torre y Prim; pero además la actitud del primero contribuyó al alejamiento de don Leopoldo y el de Reus. Más tarde, fuera ya del tiempo de la expedición a México y sus secuelas inmediatas, Serrano se enfrentó abiertamente con los progresistas y los demócratas y aplastó la intentona del cuartel de San Gil, siempre a las órdenes del duque de Tetuán que acabaría entregándole como herencia, la jefatura de la Unión Liberal en 1867. Pero en otra vuelta del camino el duque de la Torre tornó al entendimiento con Prim, para hacer posible la Revolución de 1868, compartiendo, no siempre muy de acuerdo, los avatares revolucionarios, hasta finales de 1870. Pero volvamos a la gestión de O’Donnell de los asuntos que, entre otras cosas, llevó a Prim a México. La Unión Liberal y la política exterior El Tratado de París, de 30 de marzo de 1856, no acarreó grandes cambios territoriales inmediatamente en el mapa europeo, pero marcó un antes y un después en las relaciones internacionales; si bien, en unos aspectos solo a corto plazo, como tendremos oportunidad de ir viendo. Tal Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 166-200. ISSN: 0482-5748


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