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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

O´DONNELL, PRIM Y LA EXPEDICIÓN A MÉXICO 171 desde 1846, que llevó a las tropas norteamericanas a Ciudad de México al año siguiente. Por si fuera poco menudearon los conflictos cainitas y solo en la década de 1850 se produjeron dos guerras civiles de gran envergadura: la Revolución de Ayutla (1854-55) y la de la Reforma (1857-1860). Un país, en el que parecía fácil tomar posiciones de ventaja, a la vista de sus graves problemas internos. Así había sido, salvo excepciones, durante cuatro décadas. No obstante, la realidad demostraría otra cosa entre 1862 y 1867. b) Las aspiraciones de las “potencias” sobre México Como decíamos, la raíz de los sucesivos contenciosos que mantuvieron los gobiernos de Madrid y Ciudad de México que acabaron desembocando en la expedición encabezada por Prim, la encontraríamos tanto en la agitada evolución interna de la política mexicana, como en la confluencia de intereses de las principales potencias mundiales y, por supuesto de España, en una zona estratégica de excepcional importancia. La obstinación de “El Deseado”, mantenida hasta su muerte, decidido a recobrar los hasta poco antes territorios de la monarquía española en América y, de modo especial, México, contó, durante un tiempo, con algunos elementos favorables, aunque ahora, en la distancia, pudiera parecernos una actitud descabellada. Muchos de los habitantes de México, casi de inmediato, mostraron su rechazo al nuevo régimen y las medidas de gobierno, en cuanto a la recaudación de fondos públicos, no hicieron sino radicalizar la oposición. Europa, en el marco de la Santa Alianza, parecía favorable a las pretensiones fernandinas. Por otro lado, aunque no con gran entusiasmo por la causa española, Francia e incluso el Reino Unido miraban con desconfianza la prepotencia de Estados Unidos hacia México, Centroamérica y el Caribe, en general. La fracasada táctica seguida por Fernando VII, tras la independencia de Nueva España, se debe considerar en ese contexto. Así desde aquel momento (1821) hasta noviembre de 1836 (ya en la Regencia de María Cristina, con José Mª Calatrava en la presidencia del Consejo de Ministros) las relaciones hispano-mexicanas, formalmente, no existían. Tras la caída de Itúrbide, en 1823, la proclamación de la República Federal no había hecho más que alimentar el distanciamiento. La suspensión del pago de los compromisos de la deuda pública por las autoridades mexicanas, en 1827, agravó la situación. Ese año fueron expulsados del territorio mexicano numerosos ciudadanos de ascendencia española y de otras nacionalidades europeas, por su resistencia a la política del gobierno de México. La gran mayoría de ellos se refugió en Cuba y, desde el primer momen Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 171-200. ISSN: 0482-5748


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