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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

O´DONNELL, PRIM Y LA EXPEDICIÓN A MÉXICO 173 Pero no olvidemos que la intervención de 1861-62 fue una acción conjunta con tropas francesas y británicas. Estos dos países también tenían un largo y complicado camino de relaciones con México. Francia buscó, desde las independencias de las posesiones de la Corona española, desempeñar un papel de primera potencia en el Nuevo Mundo. No tardó en dar muestras de estas aspiraciones en el Río de la Plata, tanto en Buenos Aires como en Uruguay y con mayor intensidad en México, y a toda la zona caribeña. Ya en 1827 “negoció” con el gobierno mexicano un convenio, llamado de Declaraciones Provisionales, con el cual se pretendía sentar las bases de las relaciones entre los dos países, pero no llegaría a ratificarse. Tampoco obtendría mejores resultados el gobierno de París a la intentona de un nuevo acuerdo, en 1832, con la finalidad de asegurar la protección de los ciudadanos franceses en México. Finalmente, en 1838, aprovechando la precaria situación de la república mexicana, Francia declaró la guerra al país azteca. La justificación, en este caso, sería la exigencia de reparaciones por los daños causados a ciudadanos franceses y el incumplimiento de algunos compromisos del gobierno de México con los súbditos de Luis Felipe, residentes en territorios mexicanos. La indemnización exigida se cifraba en 800.000 pesos. Una de aquellas reclamaciones se refería al impago de oficiales del ejército de Santa Ana a un particular. Esta anécdota dio nombre a la contienda franco-mexicana de 16 de abril de 1838 a 9 de enero de 1839, la llamada “guerra de los pasteles”. El conflicto terminó por la intervención del ministro inglés Richard Pakanham. México debió pagar 600.000 pesos. Estaba claro que cualquier iniciativa de una potencia en suelo mexicano suscitaba la reacción de las otras naciones con intereses en suelo mexicano, bien fuera Francia, Inglaterra, España o, en cierto modo, los Estados Unidos. Inglaterra había jugado en México un papel decisivo desde los primeros compases de la independencia mexicana. Pero, a diferencia de España, Francia o Estados Unidos, el gobierno de Su Graciosa Majestad se valió de diversos medios de presión, sin llegar a la invasión militar hasta 1861. Dos armas utilizó el gobierno de Londres, la financiera mediante el control de la Deuda exterior mexicana, desde la City, como veremos al hablar de este tema en otro apartado, y la penetración a través de la masonería en los centros de poder de la nueva república. La primera etapa de la influencia británica sería la de 1825 a 1836, y se podría denominar “el imperialismo oficioso”. Los embajadores Poisett y Burtler dirigieron la acción del Reino Unido en México durante este periodo, cuyo punto fundamental, ligado a maniobras especulativas de carácter financiero, estuvo en forzar la venta de Texas a EE.UU. Por último, las Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 173-200. ISSN: 0482-5748


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