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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

228 MARÍA DEL PILAR GARCÍA PINACHO estómagos agradecidos, más llorosos y angustiados por la oscuridad por la suerte de su antiguo general. Estos llantos se comprenden, se explican, pero no conmueven; en casos semejantes, solo un llanto excita todas las fibras del corazón, el llanto de la patria”. Después de dejar tan nítida su opinión afirma que “la patria ha tenido sus ojos secos, al ver el cadáver de uno de los que la han gobernado, de uno en cuyas manos ha estado la felicidad o la desdicha de la patria”, y añade que no es su opinión, sino que “habla la historia; no juzgamos al hombre, juzgamos al gobernante, y en este sentido nadie puede disputarnos el derecho de decir que la patria ha hecho bien en no llorar sobre el sepulcro del creador de la Unión liberal”. Y, tras tratar así al hombre, procede a calificar su obra política, la Unión Liberal, “una de las banderías políticas más funestas para el país” que ha “corrompido la administración y el ejército”, y la acusa de “llenar los ministerios de amigos, parientes y paniaguados que sin duda alguna hubieran sido provechosos miembros de la administración pública si la aptitud, y no el parentesco ni la amistad, no hubiera sido lo más necesario para desempeñar un destino”. Acusa al gobierno de este partido de llevar a la Hacienda española a una situación crítica, de la crueldad en la represión de la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil, y de la gloria alcanzada por el difunto en África, de guardársela para él solo, y tampoco le perdona el reconocimiento de Italia. El desprecio se expresa literalmente: “¡Bah!”. Y “Sin embargo, consuélese la unión con que tiene jefe; así no le faltará quien la ayude a bien morir, si ya en realidad no está muerta de todo”, y como se preveía que lo iba a sustituir el general Serrano: “Hay un general que está esperando quién lo tome para lo que se ofrezca; este general le venía pintado a la unión, como si estuviera hecho para ella. ¿No sabe quién es? Pregúnteselo a D. Juan Prim”. A su manera, su colega La Regeneración99 decide acabar con toda la serie de panegíricos y elogios al finado y proclama que ha llegado “La hora de la justicia”. Pasa entonces a intentar destruir la memoria del general, al que la única gloria que le había permitido la prensa de este cariz era la militar, y ahora solo le dejan el triunfo en Tetuán, insistiendo en que él no estaba solo, ridiculiza la las leyendas de sus delirios agónicos, de sus infancia en que ya prometía grandes dotes militares, su participación en México, su nula labor en la guerra carlista. Todo esto sucede, se justifican, porque se ha 99  “La hora de la justicia”, en La Regeneración, 1867/11/16, pág. 1. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 228-252. ISSN: 0482-5748


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