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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2017

98 PABLO GONZÁLEZ-POLA DE LA GRANJA celente red de amistades personales con las grandes familias cubanas37 con gran influencia en la metrópoli, que le habría ser muy útiles a medio plazo. De regreso a la Península, en febrero de 1848, don Leopoldo se incorporó al Senado, donde tenía un escaño desde 1845, siguiendo la acertada política de Narváez para alejar a los altos mandos militares de la política, o al menos de posiciones que no se centraran en el moderantismo. Para ello, además de llevar al Senado a las principales figuras del ejército vinculándoles al constitucionalismo de 1845, apartó a los militares de las tareas de orden público con la inteligente medida de la creación de la Guardia Civil y, por último, como tercera medida, intentó persuadir, por la buenas o utilizando otros procedimientos, sin descartar la amenaza, a aquellos que sintieran la tentación de volver a pronunciarse38. Nada más llegar a Madrid, recibió don Leopoldo las primeras muestras de “cortejo” por parte de algunas eminentes figuras del partido moderado, que ya consideraban a O´Donnell una persona ideal para sustituir, en su día, a Narváez, ahora todopoderoso en el partido. Cuenta su biógrafo, Carlos Navarro, una interesante confidencia que hizo el propio don Leopoldo a unos amigos, al pasar por París a la vuelta de Cuba. Ante la insistencia por saber de su disposición para la política, O´Donnell respondió que «si era gobierno alguna vez, cosa que estaba muy lejos de pensar, gobernaría con los hombres desengañados de los antiguos partidos».39 Este comentario se nos antoja interesante, no sólo por el desdén que muestra por la cosa pública, sino por algo muy arraigado en la mentalidad castrense, la desconfianza a los partidos políticos que, con el tiempo, se convertirá en antiparlamentarismo. Al poco, cambiará de opinión y no sólo intervendrá en política, sino que será el fundador de un nuevo partido, la Unión Liberal, que pretenderá coger lo mejor de los partidos “antiguos”, como él mismo dice. En otoño de 1849, y seguramente tal y como apunta la profesora García, para calmar Narváez a un O´Donnell enfadado porque no se le había permitido completar, por unos meses, los cinco años de mandato en Cuba, es nombrado don Leopoldo Inspector de Infantería40. Cargo este muy apetecido porque solía tener, incluso más competencias que el propio ministro de la Guerra, sobre todo cuando se constituía la llamada Junta de Inspectores, formada por los inspectores de las armas de Infantería y Caballería y los di- 37  GARCÍA GARCÍA, Carmen: “Leopoldo O´Donnell y Joris”, ob. cit. p. 307. 38  SECO SERRANO, Carlos: Militarismo y civilismo en la España contemporánea, ob. cit. p.111. 39  NAVARRO RODRIGO, Carlos, O´Donnell y su tiempo, ob. cit. p.60. 40  GARCÍA GARCÍA, Carmen: “Leopoldo O´Donnell y Joris, ob. cit. p. 309. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2017, pp. 98-122. ISSN: 0482-5748


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