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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 139 MAS SUP 26

LA BATALLA NAVAL DE ACTIUM ANEXO La táctica naval durante la República romana Las flotas se componían de buques grandes o galeras y de buques pequeños o liburnas, de cedro, roble y de pino. Las galeras, propulsadas a remo, disponían de velas con piezas de artillería, en su mayoría catapultas. A proa, portaban un espolón de bronce adosado a la quilla. Llevaban una dotación de infantes (de marina) diestros en el combate naval, especializados en el abordaje en alta mar. Muchas veces estos infantes disparaban flechas y piedras desde lo alto. Las liburnas eran los buques más pequeños y más ligeros. Había también otros buques de refuerzo, que durante la batalla realizaban tareas de apoyo como transportar municiones o tropas y ejercer de exploradores. También se utilizaban otros buques auxiliares, pequeños y de poco calado, en los combates costeros o en zonas de arrecifes, que servían de apoyo. Durante la aproximación al combate, formando un frente de varias líneas, el de la derecha, guiado por el almirante, pasaba a constituir la vanguardia del ataque, mientras que el de la izquierda pasaba a la retaguardia. En ese momento se corría el riesgo de que el frente quedara roto, con el peligro de una escisión entre la vanguardia y retaguardia. El estado de la mar y el calor afectaban en gran medida a los remeros, y la destrucción de la formación producía un profundo caos que podía decidir el resultado de la batalla. Todo esto exigía un auténtico despliegue de destreza por parte del comandante del buque, quien tenía que imponer una férrea disciplina entre los remeros. Generalmente, las batallas comenzaban con un choque frontal entre las dos flotas adversarias, al que seguía un intercambio de proyectiles y de flechas entre los infantes concentrados en la cubierta. La operación se repetía hasta que las pérdidas sufridas eran lo suficientemente importantes para no poder lanzar otra acometida. Entonces se iniciaba el abordaje y la lucha cuerpo a cuerpo. Frente a esta práctica existían otras tácticas, como la del envolvimiento por uno o por ambos flancos, lo que exigía vientos favorables; otra táctica más compleja era formar en columnas en vez de en líneas. El buque que iba en cabeza viraba para romper la formación rival, produciendo un hueco por el que se colaban los buques propios. Otra táctica consistía en abordar el costado enemigo para destruir sus remos, acción que dejaba al buque inmovilizado y en una situación crítica. Año 2017 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 113


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