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vigilados, además agravaba la situación el mal estado de las galeras con el paso del tiempo (64). No parece que contribuyera mucho a aliviar el problema la real orden de 27 de junio de 1767 que disponía «que en habiendo cumplido 3 años en los presidios de áfrica, y en los Arsenales de Cádiz, Cartagena y Galicia, los reos, que han sido destinados en la leva del año pasado de 1765, se les ponga en libertad apercibidos de que tomen oficio para su manutención, pues de lo contrario se les castigará mas severamente» (65), ni los numerosos canjes entre cautivos argelinos y españoles que se llevaron a cabo en los años siguientes, como consecuencia del tratado firmado con la regencia de Argel entre el ministro Hamet-el-Gazzel y fray Manuel Rosalén (66), ni la real orden de 4 de octubre de 1770 que estipulaba «que si entre los Reos, que los Tribunales y Justicias del Reino destinan a ese Arsenal huviere algunos que por haver cometido delito deo, y tener la edad y talla que prescribe la orden de 24 de octubre de 1768, fuere a propósito para el servicio de las armas, se entregue a los Batallones de Marina, destinados en ese Departamento para que cumplan en ellos el tiempo de su condena» (67), ya que cuando, en mayo de 1773, visita la ciudad el ilustrado viajero inglés Richard Twiss, dejó plasmada en su diario la siguiente impresión: «El arsenal está rodeado de una muralla; unos barcos permanecían atracados en el puerto y dos mil esclavos, unos cautivos moros y otros criminales, realizaban los trabajos más duros; pude observar a estos desafortunados como sacaban el agua estancada de los muelles completamente desnudos excepto por una tela que cubría su cintura» (68). (64)  El hacinamiento en que vivían, en inmundas cuadras, los forzados y esclavos del arsenal, y los actos inmorales y reprobables a que daba motivo la falta de luz y de vigilancia en aquellos antros, verdaderas antesalas del infierno, inspiraron al comandante general Reggio la idea de construir un cuartel para presidiarios, cosa que expuso en una de las reuniones que celebró la junta del departamento, para lo que propuso levantar un plano y perfiles que se encargó de cumplimentar el ingeniero don Mateo Vodopich. Ibídem. (65)  MNM, CCDVP, vol. I, t. xxxVI, doc. 281, f. 319. (66)  MARTÍNEz RIzo, Isidoro: Fechas y fechos de Cartagena, 1891. Se llevaron a cabo dos expediciones desde el puerto de Cartagena. La primera zarpó en octubre, y en ella se enviaron 1.247 argelinos y turcos sobre los navíos San Isidoro, San Vicente y Santa Isabel, la fragata Santa Teresa y la tartana mercante mahonesa Santísima Trinidad, fletados todos por los padres redentores y que regresaron con 1.066 cristianos, entre ellos 30 mujeres y 14 muchachos, rescatados con los 600.000 pesos que se destinaron a ello. La segunda expedición, que zarpó en febrero del año siguiente, la componían el navío San Vicente y la fragata Santa Teresa, que condujeron 242 moros. (67)  MNM, CCDVP, vol. I, t. xxxVII, doc. 33, f. 35. (68)  ToRRES-FoNTES SUáREz, Cristina: Viajes de extranjeros por el Reino de Murcia, t. II. Murcia, 1996. AÑO 2017, SUPLEMENTO N.º 26 A LA REVISTA DE HISTORIA NAVAL. Núm. 139 31


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