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Al segundo y tercero, que para evitar toda disputa de cómo debe entenderse el navío en rosca y las obras que en él son de cuenta de S.M., se haya de estar literalmente a la Real orden de 10 de junio de 1766, que ha sido la norma del asiento anterior. Al cuarto, que sea de cuenta del Rey sólo el reemplazo de las piezas que se inutilicen por yerro a su labra, pero no el de las que en ella o después de colocadas se reconociesen dañadas. Al quinto, que respecto a la importancia de que estén acopiados todos los materiales precisos para cada navío y fragata, antes de dar principio a su fábrica, sólo para en caso de guerra puede acordarse lo que piden en él los asentistas. Al sexto, que no hay inconveniente en que S.M. se adhiera a lo que proponen .A l séptimo y octavo, que pueden dárseles los mismos auxilios que les fueron acordados en su contrata anterior, como también las franquicias y fuero que por ella han gozado. Al noveno, que aunque piden el pago de cada buque por tercios, en los propios términos de el (sic) asiento antecedente, para que no declamen imposibilidad de acopiar todos sus materiales antes de dar principio a construirle, se les asigne en los propios tres plazos: la mitad al sentar la quilla, una cuarta parte al poner los baos de la primera cubierta, y la restante cuando se reciba por S.M. el buque enteramente concluido, con la cual ventajosa distribución no aleguen excusa ni perjuicios en la previa colección de materiales, de que pende puedan cumplimentar su empeño en el término prevenido y no con la morosidad del anterior, en que obligados a finalizar cada navío al año de puesta su quilla, y lo mismo si se hicieran dos a un tiempo, no lo han verificado hasta los veinte y más meses, de suerte que con dos gradas a su disposición sólo han construido cinco en seis años, y después de este tiempo, aún les faltaba mucha madera principal para el último, de que el Rey se dignó relevarles. Y al décimo y postrero, que parece equitativa la exención de derechos que piden para la extracción de la tercera parte del importe de cada buque, respecto a ser circunstancia que no puedan usar de madera de estos reinos. Bajo las cuales condiciones y estándose en lo no expreso en ellas a lo mismo antes establecido, concibo redundará al Rey, sin quiebra de la otra parte, un importante servicio, de que se emprenda la construcción propuesta de dos navíos de setenta, y dos fragatas de treinta y dos, que nunca estarían a precios tan cómodos fabricándose de cuenta de la Real Hacienda, y lo hago presente a V.E. separadamente como me lo tiene prevenido, devolviendo adjunto el pliego original del referido don Baltasar Castellini, a fin de que V. E. pueda elevarlo a la Soberana comprensión de S.M. para la resolución que fuere de su Real agrado. Nuestro Señor guarde a V.E. muchos años como deseo. = Carlos Reggio». Resumen El cálculo que se hizo de lo que podía costar una fragata de 32 cañones, construida con madera de roble y pino, por asiento, en el Real Arsenal de Cartagena, en la forma que ofrecía Castellini, dio el siguiente resultado: 42 SUPLEMENTO N.º 26 A LA REVISTA DE HISTORIA NAVAL. Núm. 139


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