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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 139 MAS SUP 26

LA FUNDACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE GUARDIAS MARINAS DE CÁDIZ EN 1717 gráfico e hidrográfico (36). La fortificación militar requería una especialización técnica cada vez mayor, basada en conocimientos matemáticos y físicos, al igual que la artillería. La construcción naval estaba dejando de ser una labor artesanal para convertirse en tarea de ingenieros. Los planes borbónicos de construcción de buques de guerra eran ambiciosos, tanto para la navegación oceánica como para las guerras que se planeaban en Italia. Así pues, se buscaba una oficialidad cuya formación se asentara en una base matemática muy sólida que permitiera introducir una racionalidad geométrica en sus conocimientos, sin menoscabo del adiestramiento castrense (37). Se quiere educar al cadete, además, en todos los ámbitos castrenses en los que iba a desarrollar su cometido, tales como maniobra, navegación, artillería e, incluso, construcción naval. Los ejercicios practicados en las clases de danza, las lecciones de esgrima y uso de armas, así como las maniobras militares, no harían más que completar la formación. Todo este programa estaba destinado no solo al perfeccionamiento del individuo, sino a su irradiación hacia el resto de la sociedad (38). Hasta aquí los objetivos, pero ¿con qué medios humanos iba a contar la institución? Es interesante, primero, advertir de que el modelo institucional, que hoy nos parecería absolutamente normal, no lo era en la España de 1717. Eran muy pocas las instituciones educativas militares, y más aún en régimen de pensionado, que era muy raro. Se trataba de una institución cuyo marchamo escolar era mucho más acusado que la de la creada para los ingenieros en Barcelona e implicaba el reconocimiento de las excelencias de la educación colegial (39). Patiño creó una organización dual: por un lado, la Compañía, término que aunque también se usaba de forma genérica para referirse a todo el Cuerpo, usado de forma específica se refería al brazo militar, formado por militares profesionales; y por otro, la Academia, que era el brazo de los estudios, formado por maestros y profesores. Estaba dirigida por uno de ellos, el de facultades matemáticas, al que se habilitaba para inspeccionar «todo aquello que se ejecutare de puertas adentro de ella, celando si los maestros de las maniobras y habilidades cumplen o no así en la puntual asistencia como en lo metódico de la enseñanza» (40). Se determinan los maestros que deben componer la Academia: el de facultades matemáticas, un oficial de artillería, un maestro de armas, otro de danza, uno de construcción de navíos y, por último, uno fabricador de instrumentos náuticos (41). También se prevé la asistencia de un ingeniero militar (42). Se quieren para la Academia los mejores maestros especialistas de cada materia, y los que decepcionan en este punto son despedidos. Patiño hace una apuesta fuerte en este sentido, empezando por la contratación como director de Antonio de Orbe, catedrático y consumado especialista en las materias que (36)  SELLéS GARCÍA, pp. 82-83. (37)  LAFUENTE TORRALBA y SELLéS GARCÍA, p. 52. (38)  O’DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA, 2004a, p. 694. (39)  LAFUENTE TORRALBA y SELLéS GARCÍA, p. 48. (40)  Instrucciones…, art. 63. (41)  Ibídem, art. 43. (42)  Ib., art. 65. Año 2017 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 19


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