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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 139 MAS SUP 26

FRANCISCO JAVIER ÁLVAREZ LAITA Posiciones encontradas En lo relativo a las relaciones entre el Ejército y la Armada, el traslado del arsenal de Cavite a Subic fue un tema de discordia. Desde esta se defendía el traslado del arsenal de Cavite a Olóngapo, por ser este punto más conveniente para la seguridad de la Escuadra tanto bajo el punto de vista marítimo como desde el táctico. El Ejército, por el contrario, postulaba mantener el arsenal en Cavite, para defender mejor Manila y su bahía. También era preceptiva al respecto la opinión del capitán general de Filipinas, cargo ocupado casi siempre por un general del Ejército que, consecuentemente, acostumbraba inclinarse hacia el parecer de este último (20). Por último, hay que considerar la presión de los ciudadanos de Manila y Cavite, ya que pensaban que el traslado del arsenal era perjudicial para sus intereses económicos y sociales. Estas posiciones encontradas venían de antiguo. Así, cuando la guerra con Inglaterra (1796-1802) y la visita de la escuadra del general Álava, este era contrario a Cavite por sus malas condiciones para fondear y proteger una armada. Además, opinaba que no era posible mejorar las defensas del arsenal para hacerlo defendible ante ataques desde el mar. Curiosamente, la opinión del Ejército era coincidente. Durante la época citada, los ingenieros militares que reforzaron las defensas de Manila habían decidido que Cavite era indefendible ante un ataque desde el mar y, en consecuencia, sus fortificaciones no se mejoraron. En años más cercanos, a fines del siglo XIX, el punto de vista de la Armada puede resumirse en lo que decía Víctor María Concas y Paláu en el largo artículo titulado «Memoria sobre los servicios de Marina en Filipinas», publicado en el número de septiembre de 1882 de la Revista General de Marina: «Bajo el punto de vista militar, Cavite es un absurdo, pues se halla situado en el fondo de una bahía cuyas bocas, que una de ellas tiene 9.700 m. de ancho y hasta 72 m. de fondo, no son defendibles prácticamente ni con artillería ni con torpederos, y que, por consiguiente, una vez bloqueadas convierten el puerto de refugio en una horrible ratonera. El arsenal está en el glasis glacis y á vanguardia de los fuertes, impidiendo los fuegos de éstos y recibiendo directamente y sin defensa alguna los del enemigo y, finalmente, los buques de más de 18 pies de calado tienen que quedar á ocho ó diez cables (21) del arsenal sin protección alguna de las fortalezas. En Cavite nos espera un desastre en la primera ocasión, y ciertamente que no se podrá jamás hacer cargo á la Armada, á la que se tiene por fuerza encadenada al (20)  El único capitán general que apostó decididamente por el traslado a Subic fue el general Fernando Primo de Rivera, quien ocupó en dos ocasiones el cargo (entre 1880-1883 y 1897-1898, hasta antes de la guerra) y que aprobó un importante presupuesto para las obras del arsenal de Olóngapo. (21)  Es conveniente una aclaración relativa a las unidades que cita Concas. El calado estaría en pies de Burgos (27,86 cm), con un total aproximado de 5 metros. Un cable es la décima parte de una milla (182,5 m), y las distancias que cita estarían entre los 1.460 y 1.850 metros. 60 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 139


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