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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 139 MAS SUP 26

LAS GALERAS DE ESPAÑA EN LA REGENCIA DEL REINADO DE CARLOS II (1665-1700) nadie―, y también lo era la de Inglaterra, que desde Jamaica y Tánger amenazaba diferentes territorios hispanos. No quedó más remedio a la Monarquía española que la alianza con Inglaterra y Holanda en 1670-1672 (EBBEN, HERRERO). Por otra parte, en 1665-1668 el ejército español fracasó en sus acciones contra los portugueses, tras la derrota de Villaviciosa. La Armada, que era en realidad un conjunto de flotas con base en distintos territorios, como los americanos, españoles e italianos, tuvo unas discretas intervenciones en las acciones navales de Lagos y Cascaes (FERNÁNDEZ DURO, 88-9). Estas partieron de la Armada del Mar Océano, que bloqueó las costas lusas y a la que se incorporaron naves enviadas desde Italia, como la nao Victoria, pertrechada y pagada por el reino de Sicilia. A engrosar su infantería contribuyó la escuadra de navíos de asiento de Hipólito Centurión (RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, 248). Unos años antes (1646), la Armada francesa había conseguido tomar Porto Longón, aunque la española (22 naves y 30 galeras) impidió que conquistara otros presidios toscanos (ALCALÁ, 318), pero tal situación se repitió en el reinado de Carlos II, con la rebelión de Mesina. La posición diplomática y militar de España fue defensiva a partir de la paz de los Pirineos, frente a la agresividad de Luis XIV de Francia, que asumió la defensa del catolicismo con algunos matices, defensa que hasta entonces había detentado Felipe IV de España (PéREZ TOSTADO). Los territorios de Europa se convirtieron en campo de guerras dinásticas. Aunque aún se libró alguna guerra religiosa, desde principios del XVIII casi todos los conflictos bélicos fueron de sucesión, como los de España, Polonia y Austria. Por otra parte, en 1668 Leopoldo I de Austria (cabeza del Sacro Imperio) entró en un tratado de partición con Luis XIV de Francia para repartirse las posesiones de la Monarquía hispánica, rompiendo la tradicional alianza con España (HERRERO-ÁLVAREZ, 345-6), que tanto le había apoyado en la Guerra de los Treinta Años. Con Carlos II de España, la Armada francesa se hizo aún más temible por su mayor potencia de fuego, tal como se pudo constatar en las cuatro guerras de los años 1667-1697 (Devolución, Holanda, Luxemburgo y Liga de Augsburgo) con las galeotas bombarderas (BéLY, 272-90). Holanda, en cambio, que se había convertido en una potencia naval, llegó a una alianza con España (1), de tal forma que, después de derrotar a Inglaterra (1668), el tratado con aquella hizo que la Armada holandesa luchara en Sicilia contra Francia. Pero según Schaub las primeras acciones navales francesas no fueron exitosas: el primer fracaso de Luis XIV se sitúa en una fase temprana de su reinado, con la fallida guerra contra Holanda en 1672-1674. Esta empresa, destinada a frenar el insolente éxito de la marina y del comercio de la república de las Provincias Unidas, ofrece al rey francés ocasión de presentarse como (1)  Ya en 1661-1662 se dio un precedente en la iniciativa del barón de Reede, residente holandés en Madrid. Año 2017 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 75


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