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Refugiada la escuadra española en Cádiz, el inglés Jervis estableció un bloqueo próximo durante varios meses ese mismo año de 1797, aunque las lanchas cañoneras españolas lo mantuvieron a distancia de la ciudad y su bahía; en ocasiones, no obstante, llevó a cabo puntadas ofensivas contra la plaza y sus fortificaciones. Una de éstas, contra la Caleta y el castillo de San Sebastián, el 3 de julio, fue liderada por el contralmirante Nelson, siendo rechazado por el general de la Armada Federico Gravina que lo esperaba y que, con su grupo de lanchas cañoneras, se lo impidió, apoyado por los fuegos bien coordinados de los castillos de San Sebastián y de Santa Catalina, obligándole a retirarse el día 5. La defensa de Cádiz y su bahía había sido sabiamente organizada al principio del bloqueo por el general de la Real Armada José de Mazarredo, con 136 lanchas cañoneras y obuseras y marinos de la talla de Gravina, Escaño, Churruca, Espinosa o Moyna, en las que embarcó personal de la Escuadra —tropa y marinería, entre ellos Antonio de Soto—, junto con soldados del Ejército, que hostigaron a los británicos durante todos esos meses. Las lanchas cañoneras y demás fuerzas sutiles españolas, ágiles en la maniobra y gobernadas con audacia, dieron tanto quehacer a los británicos que acabaron por levantar el bloqueo y retirarse. Esta gesta sería celebrada por los gaditanos que cantaban a coro: «¿De qué les sirve a los ingleses tener fragatas ligeras, si saben que Mazarredo tiene lanchas cañoneras?». escuadra del general Lángara en el socorro de Bañuls primero y, en la difícil defensa de Rosas después, especialmente en la evacuación de la guarnición del castillo de la Trinidad que, por azares de la guerra, tocó ser defendido por oficiales y tropa de Marina —acción difícil tanto por el durísimo temporal reinante en aquellos días como por la acción artillera enemiga—, sitiadas como estaban la plaza y el castillo por los franceses, y cuya defensa los españoles llevaron a cabo valerosamente, «como si del alcázar de un buque se tratara». ACCIONES DE GUERRA Más adelante, tomó parte en la sangrienta batalla naval de Cabo San Vicente, el 14 de febrero de 1797, en la que se enfrentaron una escuadra española al mando del teniente general José de Córdova —entre cuyos buques figuraba la fragata Mercedes—, contra otra británica bajo las órdenes del vicealmirante John Jervis. En la escuadra española embarcaban buena parte de los batallones del Cuerpo y, aparte de nuestro soldado, se batieron el heroico Martín Álvarez y el sargento Pablo Murillo, y otros poco conocidos, pero no por ello menos valientes ni abnegados. Y la flor y nata de las dotaciones de la Real Armada. La Mercedes desempeñó satisfactoriamente las tareas que se le encomendaron y, al finalizar, convoyó hasta Cádiz al navío Santísima Trinidad, muy averiado y casi desarbolado en la batalla. Modelo a escala de fragata de los siglos XVIII-XIX similar a la Mercedes, obra de Javier Escudero/Foto: Hélène Gicquel. Marzo 2018 Revista Española de Defensa 61


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