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LA ESCUADRA DE GALERAS DE CATALUÑA les de la Corona «eran menos de la mitad de los ingresos anuales de la ciudad de Barcelona sola, y solamente la cuarta parte de los ingresos que recibía la Diputación: no puede haber mejor comentario sobre la debilidad del rey de España en su Principado de Cataluña» (7). En consonancia con todo ello, y con objeto de revertir tal situación en alguna medida, el rey aceptó conceder importantes beneficios a la nueva escuadra. Así, desde el punto de vista político se le permitía enarbolar el estandarte con las armas de Cataluña, y la Generalitat nombraría a todos los oficiales y demás cargos, que habían de ser catalanes. Únicamente el general de la escuadra sería designado por el monarca, pero aquel tendría el mismo rango que los generales de las otras escuadras reales, a pesar de que la fuerza bajo su mando sería mucho más reducida. Desde el punto de vista económico, se asignaron a la nueva escuadra todos los condenados a la pena de galeras de Cataluña y de Mallorca, mientras esta última no decidiera mantener escuadra propia; se le concedía una ayuda de 500 salmas de trigo por galera y año para ayuda de los gastos de alimentación (8); se le facilitarían armas y municiones a precio de coste, y el rey cedía a la escuadra el quinto real que le correspondía por todas las capturas de buques enemigos. Pero, aparte de estas ayudas, que podríamos llamar directas, para el mantenimiento de la nueva escuadra existió otra indirecta, pero decisiva, a la hora de fijar la petición de Cataluña y la aceptación real. Nos referimos a la renuncia de la Corona a reclamar el pago del «quint» de los ingresos de buena parte de los municipios catalanes, algunos de los cuales estaban en litigio o, simplemente, llevaban años sin pagarse, con el consiguiente temor de que se les reclamasen en algún momento. En las Cortes de 1599, el rey no renunció a su cobro a perpetuidad, como le reclamaban los diputados catalanes, pero sí a percibir los devengados hasta ese año, lo que, en cualquier caso, representaba una cesión de extraordinaria importancia (9). Para la adquisición de las cuatro galeras que habrían de componer la escuadra, las Cortes catalanas obtuvieron un empréstito de 80.000 lliures (78.000 ducados). Para financiar la amortización de este empréstito y atender a los gastos de mantenimiento de la escuadra se contemplaba establecer nuevos gravámenes, que se estimaba rendirían 86.000 lliures/año, de los que 60.000 se destinarían al mantenimiento de las cuatro galeras (15.000 lliures/año/galera) y los 26.000 restantes a la amortización del empréstito. Los (7)  Ibídem, p. 90. (8)  Una salma equivalía a 278 litros de trigo, por lo que las 500 salmas, multiplicadas por las cuatro galeras, suponían una aportación de 556.000 litros de trigo al año, equivalentes a 433.279 kg o 433,8 t, cifra nada despreciable. (9)  Para comprender su alcance, y siguiendo las cifras de J.H. Elliott (op. cit., p. 133), las cantidades que le hubieran correspondido a Barcelona entre 1599 y 1620 habrían sido de no menos de 300.000 lliures (292.500 ducados); y según Artola (op. cit., p. 179, nota), en 1632, la cifra para toda Cataluña se había incrementado hasta alcanzar 1.043.843 lliures (1.017.747 ducados). Año 2018 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 33


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