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RHN 140 MAS SUPLEMENTO

ENRIQUE GARCÍA-TORRALBA PÉREZ nuevos impuestos se establecieron en agosto de 1601 y se empezaron a cobrar en consecuencia. Sobre este particular se preveía que ― si durante algún tiempo, y cualquiera que fuese la causa, se dejaran de mantener las galeras, los nuevos impuestos «que de present se imposen per la sustentacio delles, ipso facto sien extincts»; ― por el contrario, el dinero que sobrara «se aya de convertir en fer mayor numero de galeras, una o dos o mes, tant quant bastara lo que sobrara», lo que acredita el propósito de la Generalitat de disponer del mayor número posible de buques. Como dice Elliott: «El permiso de construir cuatro galeras había sido recibido con inmenso entusiasmo por los catalanes, que veían en él la oportunidad de revivir sus antiguas hazañas en los mares» (10). Sin embargo, una cosa era lo que los diputados pensaban y otra muy distinta lo que opinaban los contribuyentes del Principado que, desde el primer momento, no dieron la impresión de estar muy dispuestos a sufragar los gastos que ocasionaba su defensa frente a los piratas argelinos, pues entendían que esta era una obligación del rey y no compartían los deseos de sus tribunos de tener una escuadra propia. A ello se sumaban sospechas de corrupción y nepotismo pues, al parecer, los diputados catalanes se lanzaron a nombrar cargos para la escuadra entre sus amigos y clientes, quienes además comenzaron a cobrar sus sueldos desde el primer momento, siendo así que las galeras no estuvieron listas hasta 1608- 1609. y añade Elliott: «Todo el mundo sabía que los derechos estipulados para su mantenimiento el de las galeras iban a parar a los bolsillos de los diputados y los de sus amigos y que su recaudación daba lugar a los más escandalosos fraudes». En esta situación de descontento, las cantidades recaudadas nunca llegaron a las cifras esperadas, pues entre 1601 y 1609 se habían obtenido menos de 150.000 lliures, cuando deberían haberse recaudado más de medio millón. En 1609 la recaudación se redujo a 17.598, cuando los gastos en esa época ascendían a casi 62.000 lliures anuales. Las tres primeras galeras (la capitana, Sant Jordi; la patrona, Sant Maurici, y la galera sencilla Sant Sebastià) se bautizaron en julio de 1608, mientras que la cuarta, bautizada Sant Ramon (ex-Marquesa, comprada al marqués de Santa Cruz, virrey de Nápoles), llegó a Barcelona en diciembre de ese año. Sin embargo, la falta de dinero les impedía operar en escuadra, pues solo se pusieron en servicio efectivo la capitana y la patrona, en tanto que las otras dos quedarían desarmadas. En cuanto al personal, la penuria obligó a dejar estas últimas con el estrictamente imprescindible para su custodia, y aun las dos activadas lo fueron únicamente con la mitad de la tripulación necesaria, para ahorrar gastos. Los diputados estaban descubriendo aceleradamente (10)  La rebelión de los catalanes, p. 118. 34 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 140


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