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RHN 140 MAS SUPLEMENTO

LA ESCUADRA DE GALERAS DE CATALUÑA que sumar los 30.000 lliures (29.250 ducados) en que estaban valoradas las galeras (20), sin contar su artillería, armas y pertrechos ni el valor económico de los remeros (21). En total, cerca de 200.000 ducados, una cifra enorme. La pérdida se conoció en Barcelona el día 27, cuando empezaron a llegar los primeros supervivientes, produciendo la natural consternación, que fue aumentando a medida que se iban conociendo los detalles de la catástrofe, hasta el punto de que el obispo-virrey consideró que era la mayor sufrida por Cataluña en los últimos cien años. Naturalmente, se formó un proceso del que resultaron duras condenas para los capitanes Sabater y Miquel, quienes además, y a instancias del rey, fueron expulsados de la Orden de San Juan, a la que pertenecían (22). Para los demás implicados, las condenas fueron mucho más leves, absolviéndose a la mayor parte de los acusados. Pero el hecho, al margen de sus consecuencias penales, había de producir otros efectos. y así, la Junta de Brazos fue reunida para ver qué solución se adoptaba. El importe del seguro permitiría construir dos nuevas galeras, pero era necesario mejorar la disciplina y el sistema de gobierno de la escuadra, que tan mal resultado había dado. También resultaba preciso mejorar la financiación, pidiendo a la Corona una mayor aportación y reclamando ayuda a Barcelona y las demás ciudades de la costa, toda vez que resultaban las más favorecidas por la existencia de la escuadra (23). Sin embargo, el rey ya había decidido cómo se restablecería la disciplina y se acabaría con los abusos que habían conducido al desastre. y así, en una decisión que no debe ser motivo de sorpresa, dispuso que la escuadra no pudiera salir de las aguas de Cataluña sin orden real expresa. La Corona se reservaba el nombramiento del general de la escuadra y de todos los oficiales de las galeras, para asegurar que tales nombramientos recayeran en personas de valía; las galeras, por último, estarían a las órdenes del virrey, quien además controlaría los ingresos y los gastos de la escuadra para acabar con las corrupciones detectadas. La negativa de la Generalitat a aceptar estas condiciones determinó el fin de la fugaz escuadra catalana, sin que hubiera llegado a recuperar ―según sus propias palabras― «lo honor i la reputació perduda». Todo ello ocasionó un gran sentimiento de frustración en la población del Principado y el convencimiento de que la pérdida había sido debida a los abusos de su propia diputación y de sus funcionarios, lo que habían motivado el castigo divino. Como (20)  Las galeras estaban aseguradas, pero el cobro del seguro por la Generalitat representó la ruina para muchos comerciantes catalanes que habían participado como aseguradores. (21)  Un esclavo para las galeras costaba 100 escudos de 400 maravedíes (106,6 ducados). SERRA I PUIG, Eva: «Galeres catalanes, forçats i moriscos (1607-1612)», en Pedralbes, núm. 28, 2008, p. 414. (22)  Sin embargo, ya en 1626 habían salido de prisión y, como decía un testigo presencial, «amb tota poca vergonya se passejan per Barcelona», aunque a Sabater no le duró mucho la libertad, pues murió ese mismo año. (23)  GILABERT TOMàS: art. cit., p. 117. Año 2018 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 39


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