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BALMIS Y LA REAL EXPEDICIÓN FILANTRÓPICA DE LA VACUNA (1803-1806) Despedida de la corbeta María Pita llevando a bordo a los miembros de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. (Litografía de F. Pérez, de finales de 1803, que se conserva en la Biblioteca Nacional) De Canarias a América Desde el archipiélago canario, a los reales expedicionarios de la vacuna les aguardaba un penoso mes de dura travesía, al final de la cual, el 9 de febrero de 1804, llegaron a San Juan de Puerto Rico. Allí, Balmis se encontró con la sorpresa de que el gobernador, Ramón de Castro, ya había mandado vacunar a la población, tarea que encomendó a los doctores Francisco Oller y Tomás Prieto, que habían comenzado la campaña el 28 de noviembre de 1803. Oller llegó a vacunar a casi 5.000 personas, incluido el obispo de Puerto Rico, Juan de Arizmendi, quien tenía que viajar a comienzos de marzo a Venezuela y debía ser vacunado antes de su marcha. El hecho de que la vacuna se hubiese aplicado en la isla antes de la llegada de la expedición se debió a que el doctor Oller había sido informado unos meses antes de que los ingleses habían realizado inoculaciones en la isla danesa de St. Thomas. Por intermedio de sus contactos, logró obtener linfa de aquellos pacientes vacunados, usando hilos y vidrios, cuyas muestras recibieron por ello el nombre de «hilas de vacunación». Sin embargo, Balmis desconfiaba de este método de obtención de la vacuna y, por consiguiente, también de su eficacia para prevenir la enfermedad. Según el doctor alicantino, el método ideal era el suyo, es decir el de la transmisión de la linfa «brazo a brazo», único capaz de garantizar el éxito de la vacunación. Año 2018 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 53


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