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FRANCISCO FONT BETANZOS incluyesen dos españoles, «dos de sus más hábiles oficiales, que acompañasen y ayudasen a los académicos franceses en todas las operaciones de la Medida». Los designados por el ministro español de Marina, José Patiño y Rosales ―cumplimentando la real orden de 3 de enero de 1735―, fueron los guardiamarinas Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa y de la Torre-Giralt, que fueron escalafonados de tenientes de navío «para que tuvieran adecuada graduación militar». Sus ascensos se harían efectivos desde el momento de su embarque, asignándole a cada uno un sueldo de cuarenta escudos mensuales de plata mientras formaran parte de la expedición, más veinte escudos de sobresueldo en tanto se mantuviesen en el citado cargo. Inicialmente, el designado para acompañar a Jorge Juan era el guardiamarina Juan García del Postigo y del Prado, de diecinueve años, natural de écija, pero al encontrarse en ultramar no podía incorporarse a la expedición en la fecha prevista, por lo que se designó a Antonio de Ulloa como sustituto. Ambos jóvenes marinos apoyarían en las observaciones que se realizasen tanto astronómicas como geodésicas, determinarían la posición geográfica de los poblados que visitaran, levantando los planos correspondientes, así como de las fortificaciones y de los puertos, y darían conocimiento al gobernador del distrito en el que se hallaren de todas esas observaciones, adjuntando todos los mapas y planos correspondientes. En caso de que precisasen de instrumentos de los que no dispusieran, podían solicitar su envío al lugar que indicasen. Sería también misión de ambos cumplimentar el diario de navegación de la travesía, anotando las corrientes, vientos y valores batimétricos. Asimismo, deberían elaborar un informe confidencial sobre la situación política y económica de los territorios visitados. Tanto Jorge Juan como Antonio de Ulloa salieron del puerto de Cádiz el 26 de mayo de 1735. El primero embarcó en el Conquistador, al mando del capitán de navío Francisco Liaño, en el que también viajaban el obispo electo de Popayán y José de Mendoza Caamaño y Sotomayor, marqués de Villagarcía, que acababa de ser nombrado por Felipe V virrey del Perú, mientras que Antonio de Ulloa lo hizo en el incendio, comandado por el capitán de fragata Agustín de Iturriaga, arribando a Cartagena de Indias el 9 de julio tras una larga y dura travesía. Ese puerto era el asignado para que ambos marinos se agregasen a la comisión francesa, que no llegaría hasta el 15 de noviembre. Una constante a destacar en el transcurso de la expedición fue la continua hostilidad entre Godin, Bouguer y La Condamine, hasta el extremo de no intercambiar información entre ellos, enemistad que persistió una vez finalizado el proyecto americano cuando los dos últimos se reintegraban a sus ocupaciones en la Academia en París y Godin permanecía en los dominios españoles en América. Por el contrario, existió una perfecta coordinación entre Godin y los científicos españoles, Jorge Juan y Ulloa, durante el transcurso de la expedición, evolucionando hacia una estrecha amistad al final de la misma, logrando Jorge Juan, cuando era capitán de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, que Godin asumiera el cargo de director de tan importante institución. Para la ejecución de todas las operaciones geodésicas se organizaron dos equipos, que trabajaron por separado pero complementándose y con el mismo fin: uno, el 78 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 140


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