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Revista de Aeronáutica y Astronáutica 875

fundamentales que los científicos se hacen y que no es sencillo que pueda responder una sola misión. Lucy, no obstante, se encontrará en la mejor disposición para hacerlo, dada la naturaleza de sus objetivos de investigación y su variedad de orígenes y tamaños. En la práctica, los troyanos podrían ser equivalentes a cápsulas del tiempo en las que se conservarían los ingredientes originales del sistema solar, formado hace más de 4.000 millones de años. Son tan antiguos que ciertamente podrían tener las claves para averiguar de dónde han salido muchos elementos químicos que resultan cruciales para la vida terrestre. Los troyanos que observará Lucy, además, son de diversos tipos (C, P y D), lo cual aporta un mayor abanico de posibilidades investigativas. Los asteroides de tipo C son habituales en el cinturón principal entre Marte y Júpiter. En cambio, los de tipo P y D son oscuros y creemos que proceden del cinturón de Kuiper. Bajo una superficie polvorienta, es muy posible que mantengan una gran cantidad de agua helada y sustancias volátiles semejantes. Su color oscuro probablemente procede de su rico contenido en compuestos del carbono. Las diferencias entre los troyanos serán muy significativas. Dado que habrán alcanzado su posición actual Conceptualización de la sonda Lucy en muy diversos momentos de la historia de Júpiter, sus propiedades serán también distintas, en cuanto a color y albedo (la cantidad de luz que reflejan). Júpiter no ha estado siempre en la posición presente, sino que se ha visto desplazado a lo largo del sistema solar, como otros planetas, moviéndose hacia el exterior, así que los troyanos pueden darnos indicaciones sobre la ruta seguida por el principal planeta gaseoso y, en esencia, datos sobre la cambiante historia de este último. Adicionalmente, la presencia de troyanos procedentes del cinturón de Kuiper nos permitirá echar un vistazo a cómo es esta población, habitualmente localizada más allá de Neptuno y, por tanto, situada en menor medida a nuestro alcance. En resumen, Lucy es uno de los programas más prometedores de los últimos tiempos. Enmarcado en un presupuesto relativamente modesto teniendo en cuenta que es una misión de espacio profundo, podría aportar información muy valiosa y potencialmente transformadora de nuestra visión actual sobre cómo se formó el sistema solar, nuestro planeta e incluso nosotros, como especie biológica. La larga duración de su periplo, que se adentra hasta principios de la década de 2030, implica que aún tardaremos en conocer todos sus resultados, pero la sonda nos enviará datos científicos desde muy poco después de su lanzamiento, gracias a su larga cadena de encuentros con diferentes asteroides. n Este es el equipo principal que está desarrollando la sonda Lucy. (Imagen: Lockheed Martin) 568 REVISTA DE AERONÁUTICA Y ASTRONÁUTICA / Julio-Agosto 2018


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