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Revista de Historia Militar 123

SOBRE EL MITO DE LA CARGA AL MACHETE... 167 Incluso su simple posesión servía para definir al combatiente por la independencia, como se hace con el teniente coronel Ramón Roa, combatiente de la Guerra de los Diez Años, de quien se afirma que “fue un mambí de pluma y machete”.85 Otras veces el machete constituía86 un valioso trofeo que demostraba una dura victoria. Como ejemplo de lo que decimos podemos recordar el asalto que el día 29 de abril de 1896 llevó a cabo un grupo de oficiales y soldados del Batallón de San Quintín a una casa donde se refugiaba la partida del cabecilla Aguirre. En pleno combate el capitán Feijoo tuvo que vérselas con un negro que le asestó tres machetazos en la cabeza que le hicieron perder el conocimiento, aunque no sin antes matar al mambí, siendo así que tras volver en sí pidió el machete del fallecido como recuerdo del suceso que a punto estuvo de costarle la vida. Es indudable que existía el temor a un ataque repentino en cualquier lugar, incluso dentro de las poblaciones como refleja la carta del soldado Bartolomé Bandarias fechada el 23 de septiembre de 1896 en San Luis (Santiago de Cuba), donde dice que salían a pasear en grupos y siempre armados por temor a “un machetazo”, o bien a ataques nocturnos a los pueblos para matar algún centinela como narra en una misiva el también soldado Florencio Isasi a sus familiares en enero de 189787. Precisamente por ello es comprensible que la carga al machete se convirtiera en el “principal temor” del soldado español en Cuba, particularmente de aquellos que no habían participado en combates, y sin que en modo alguno quepa dudar que para aquellos hombres que sufrieron este tipo de ataques y lograron sobrevivir debió ser una experiencia sumamente traumática. Tan es así que cuando la revista satírica La Campana de Gracia pretenda ridiculizar la política llevada a cabo por Martínez Campos, dibujará al Capitán General de la isla dialogando con los mambises mientras a sus espaldas otro usa un machete para matar a un soldado español.88 Ahora bien, creemos que buena parte del fortalecimiento de este mito se debe también a las circunstancias políticas por las que atravesó la propia isla una vez que hubo obtenido su independencia, y en virtud de las cuales el antiguo aliado se convirtió en enemigo. Surge así la necesidad ideológica de no hacerla depender de los Estados Unidos, algo que a todas luces resulta imposible por cuanto, aun cuando es cierto que los cubanos alzados en armas sometieron 85  ROA, Raúl: Aventuras, venturas y desventuras de un mambí. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1970, pp. 7 y 19. 86  LA ILUSTRACIÓN IBÉRICA, 4 de abril de 1896, pp. 257 y 259. 87  MONTERO, Manuel: op.cit., pp. 390 y 434. 88  ELORZA, Antonio y HERNÁNDEZ SANDOICA, Elena: La Guerra de Cuba (1895-1898). Historia política de una derrota colonial. Alianza Editorial, Madrid, 1998, pp. 200-201. Revista de Historia Militar, 123 (2018), pp. 167-174. ISSN: 0482-5748


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