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Revista de Historia Militar 123

180 JOSÉ ANTONIO PÉREZ GIMENA «La caballería francesa (...) carga con tal furia, que en un momento deshace y acuchilla la densa masa de tudescos e italianos. La desbandada fue general y bochornosa, tirando las armas y cuanto estorbaba para correr. La infantería española se quedó sola y envuelta por todos los lados. Había en aquellos soldados un instinto militar, un espíritu de verdadera disciplina, que en estos pánicos, lejos de buscar en la fuga la salvación, los unía y apretaba más fuertemente. Aquí como un siglo después en Rocroi, estrecharon filas, formando una especie de reducto de carne aislado en aquel campo de matanza. Sabían que desecha la formación era inevitable la muerte a lanzadas en el campo, o fuera de él vilmente asesinados por el paisanaje, y aquellos hombres impávidos, alejando con sus arcabuces la ardiente caballería, que en torno buscaba, por decirlo así, una brecha, hablaban y discutían con sus jefes sobre las vicisitudes del combate. El valeroso duque de Enghien, al frente de la juventud francesa, embriagada con la victoria, cargó repetidas veces, dejando siempre tendidos algunos de sus mejores oficiales. Renunciando a romper aquel cuadro, envió parlamentarios como a una fortaleza; los españoles celebraron tranquilo consejo, y pesadas todas las razones, se rindieron con sereno porte y suprema dignidad... A 10.000 se hacen subir las bajas de esta sangrienta acción y, lo más extraño, francesas la mayor parte». El relato es sumamente explicativo para comprender mejor el porqué de ese siglo y medio de primacía de la infantería española en los campos de batalla de Europa. A los factores que daba Alonso de Palencia como imprescindible para el triunfo y que el infante español dominaba en su totalidad (el orden, la obediencia y el buen gobierno del mando), los infantes aportaron otros dos no menos importantes, el honor y el valor, haciéndolos de esta forma, casi invencibles. Aunque lamentablemente, como dice Sánchez de Toca,6 “la Historia no se ocupa del soldado y fueron centenares de miles7 los infantes que murieron sirviendo en la Infantería española entre 1476 y 1700”. 6  SÁNCHEZ DE TOCA, José María: La Infantería entorno al siglo de oro. Madrid, 1994, pág. 39. 7  Ibídem, pág. 66. Referencia los cálculos basados en el informe del embajador Donato que da una salida de 4.000 soldados anuales de refresco y otra calculando un servicio medio de 10 años para 24.000 soldados de infantería española; en total habían servido en estos años en la infantería española unos 500.000 soldados. Revista de Historia Militar, 123 (2018), pp. 180-232. ISSN: 0482-5748


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