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Revista de Historia Militar 123

DE GRANADA A PAVÍA. LA EVOLUCIÓN DEL EJÉRCITO ESPAÑOL... 195 Presentado ante los muros de Ostia, el Gran Capitán solicitó en vano su entrega, invocando la promesa de Carlos VIII. La plaza era muy fuerte, estaba bien pertrechada y mejor defendida por gente sin escrúpulos. El Gran Capitán formalizó el sitio con 1.000 infantes, 300 jinetes y algunas piezas de artillería, que dispuso en batería en una elevación al sur de la ciudad. Roto el fuego contra los muros, en cinco días abrió una brecha por la que se lanzaron al ataque los españoles. Garcilaso de la Vega, atacó los muros de la plaza por el lado opuesto. Ante este segundo ataque Guerri y sus hombres se rindieron. Tras la victoria, el Gran Capitán fue aclamado como “libertador”. El Papa, le entregó la “rosa de oro”, máxima distinción pontificia con la que el Papa galardonaba cada año a su mejor servidor. Al despedirse del Papa hubo una escena bastante violenta. El Papa se mostró dolido de los Reyes Católicos ante el Gran Capitán. Este le replicó que no olvidara los servicios que le habían prestado, y que recordara las palabras que había dicho hacía poco tiempo: “Si las armas españolas me recobraban Ostia en dos meses, debería de nuevo al Rey de España el Pontificado.”, añadiendo “que las armas españolas no tardaron dos meses sino ocho días”. Siguió diciendo al Papa que “más le valiera no poner a la Iglesia en peligro con sus escándalos, profanando las cosas sagradas, teniendo con tanta publicidad, cerca de sí y con tanto favor a sus hijos, y que le requería que reformase su persona, su casa y su corte, para bien de la cristiandad”. El padre jesuita Abarca escribió que el Papa quedó “turbado del esplendor vivo de la verdad, enmudeció del todo, asombrado de que supiese apretar tanto con las palabras un soldado, y de que a un Pontífice, tan militar y resuelto, hablase en Roma en su palacio y rodeado de armas y parientes, un hombre no aparecido del cielo, en puntos de reforma y con tanta reprehensión”. Desde Roma el Gran Capitán marchó a Nápoles, donde el rey Don Fadrique le dió el título de duque de Santángelo, el señorío de dos ciudades y diversos lugares del Abruzo, y tres mil vasallos, diciendo “que era debido conceder siquiera una pequeña soberanía a quien era acreedor a una corona”. De Nápoles se dirigió a Sicilia. Allí el Gran Capitán fortificó las costas. Al poco tiempo acudió a la llamada del rey don Fadrique para expulsar a los franceses de Diano, única plaza que aún conservaban. En pocos días el Gran Capitán rindió la guarnición francesa, dando fin las operaciones militares en Nápoles. El Gran Capitán regresó a España en 1498. A su llegada la gente le aclamó como un héroe nacional. El rey Don Fernando el Católico decía que “la guerra de Nápoles había procurado a España más crédito y gloria que la de Granada”. Al Rey Católico le había sorprendido tanto el desarrollo de la campaña como su desenlace. Revista de Historia Militar, 123 (2018), pp. 195-232. ISSN: 0482-5748


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