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Revista de Historia Militar 123

198 JOSÉ ANTONIO PÉREZ GIMENA “Hermano, andad con Dios y decid al duque de Nemours e a monsiur de Aubigny que puesto que tantas veces les he dicho e requerido que esta diferencia se vea por justicia, y no quieren, y envíanme a decir que por fuerza me la han de tomar, que espero en Dios y en su bendita Madre de defendérselo e aun ganarles lo suyo, e ver muy presto al Rey de España, mi Señor, ser señor de todo este Reyno, por la justicia que a todo ello tiene; e que vengan cuando quisieren, que aquí me hallarán, o que me esperen, que yo seré lo más presto que queda con ellos..” El Gran Capitán contaba con 3.000 infantes, 340 hombres de armas y 600 jinetes ligeros. Estaban a sus órdenes como oficiales: Pedro Navarro; Diego de Mendoza; Próspero Colonna; su primo Fabricio Colonna, Pedro de Paz, Francisco Pizarro, García de Paredes, Hugo de Cardona, Luis de Herrera, Zamudio y Villalba. Muchos de ellos le veremos actuar en posteriores guerras utilizando las experiencias y conocimientos adquiridos en estos momentos y con este gran maestro. Por su parte, el duque de Nemours contaba con 3.500 infantes franceses y lombardos, 3.000 suizos, un numeroso contingente de infantería napolitana y 1.000 hombres de armas que suponían unos 4.000 jinetes. Sus tropas estaban mandadas por el Señor de Aubigny, Ivo de Alegre, Luis de Ars, Santiago de Chabannes, Señor de La Palisse y el Bayardo, éste último tildado de ser el “caballero sin tacha y sin miedo”. Una escuadra francesa interceptaba las comunicaciones con España. Don Gonzalo estaba abrumado por la falta de paga de sus soldados ya que César Borgia fomentaba la deserción de los soldados españoles prometiendo mayores pagas. El Gran Capitán eligió la plaza de Barletta, situada en la costa del Adriático, como cuartel general, concentrando allí el grueso de sus fuerzas y repartió el resto en otras plazas como Bari, Canoza y Adria. El Señor de Aubigny operaba contra Hugo de Cardona en Calabria, mientras que el duque de Nemours lo hacía contra un escurridizo Gran Capitán. Durante siete meses los españoles se mantuvieron a la defensiva. En 1503 el duque de Nemours, cansado de esa guerra sin batallas decisivas, se personó ante los muros de Barletta para retar al Gran Capitán. Éste le contestó lo siguiente: “No acostumbro a combatir cuando quieren mis enemigos, sino cuando lo piden la ocasión y las circunstancias”. Cuando el duque levantó el campo para retirarse a Canosa, fue el momento que eligió el Gran Capitán para tenderle una emboscada. Ordenó a Diego de Mendoza que atacara la retaguardia francesa con la caballería con objeto de atraer sobre ella la atención de los franceses. En un momento dado, los españoles debían de retroceder haciéndose perseguir Revista de Historia Militar, 123 (2018), pp. 198-232. ISSN: 0482-5748


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