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Revista de Historia Militar 123

220 JOSÉ ANTONIO PÉREZ GIMENA Los franceses se encontraban bien atrincherados y conociendo los problemas de pago de los imperiales, no tenían la menor prisa ni intención de combatir en campo abierto. Además a los quince días, empezaron a escasear los víveres en el ejército imperial y varios oficiales recomendaron a Pescara la retirada hacia Milán. Pescara, tan excelente psicólogo como general, se ganó la voluntad de sus tropas con la siguiente arenga: “Hijos míos, todo el poder del emperador no basta para darnos mañana un solo pan. ¿Sabéis el único sitio donde podemos encontrarlo en abundancia? En el campamento de los franceses que allí veis.”24 Al ver Pescara la imposibilidad de ofrecer batalla a Francisco, ya que un ataque frontal contra el dispositivo francés habría sido suicida al encontrarse protegidos por dos líneas de fortificaciones, una mirando a la ciudad y otra al exterior, decidió dar un rodeo al parque y adelantar dos compañías de “encamisados” para fracturar el muro cerca de la puerta Pescarían e introducirse en el cazadero, tratando de conseguir dos objetivos; el elemento sorpresa (al ser un punto bastante alejado del campamento imperial y de su artillería), y cortar las comunicaciones del ejército francés con Milán. A medianoche del día 23 de febrero de 1525, el grupo de encamisados, comenzó a abrir tres brechas en el lienzo de una muralla que tenía dos metros y medio de alto por unos cuarenta centímetros de espesor, tratando de sorprender a los franceses. Por desgracia para los imperiales, forzar la muralla del parque y comenzar a introducirse en él costó más de lo previsto y hasta las seis de la mañana, la vanguardia imperial no llegó al palacio de Mirabello. Alertados los franceses, dispusieron del tiempo suficiente para organizar sus tropas y su estrategia para la batalla. 3.2.1.- Despliegue francés Alertado Francisco I del movimiento del ejército imperial y convencido de su superioridad, abandonó sus posiciones que habían quedado desbordadas por el movimiento de Pescara y desplegó a su caballería y a toda su artillería (más de treinta piezas de pesada y otras de menor calibre). Estas baterías eran una de sus bazas tácticas más importantes frente a los imperiales ya que gracias a la técnica que habían desarrollado los franceses, podían mover y emplazar con relativa facilidad su artillería pesada. Probablemente esa fue la mayor sorpresa con la que se encontró el Marqués de Pescara, quien seguramente 24  ESLAVA GALÁN, Juan: La Historia de España, contada para excépticos. Barcelona, 1995. Revista de Historia Militar, 123 (2018), pp. 220-232. ISSN: 0482-5748


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