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Revista de Historia Militar 123

DURA LEX SED LEX... 47 Como norma general, la aspiración de la Monarquía fue siempre la de reclutar gentes que quisieran seguir la carrera de las armas por voluntad propia (todavía en 1677, durante la guerra de Holanda, Carlos II ordenaba un reclutamiento obligatorio en los municipios de Castilla «sin señalarles número fijo, porque mi ánimo es sea voluntariamente»6). Sin embargo, la continua sucesión de conflictos y la disponibilidad de hombres eran factores que no estaban bajo el control de la administración. La disminución en el número de voluntarios era ya evidente a finales del siglo XVI, lo que venía a coincidir con los primeros síntomas de una crisis demográfica que iría acentuándose en las siguientes décadas. Al mismo tiempo, el pésimo estado financiero de la Hacienda Real hacía cada vez más difícil atender con regularidad las pagas de los soldados y abonar las crecientes sumas que solicitaban los asentistas privados. En 1635, con la incorporación de Francia a la Guerra de los Treinta Años, las crecientes demandas de efectivos que requerían la multiplicidad de los frentes, marcaron el punto máximo de las necesidades militares. Ante la imposibilidad de completar la nómina de las unidades y de atender las demandas económicas de los ejércitos, la solución pasaba por encontrar una fórmula que permitiera reducir el coste en la obtención de soldados y, al mismo tiempo, aumentar su número. Por entonces, la única reserva que le restaba a la Corona era la población española, que fue encuadrada bajo las armas mediante sistemas forzosos con los que «conseguir hombres gratuitos o a un coste menor»7; en los años siguientes se recuperaron algunas fórmulas de servicio militar de origen medieval y, asimismo, se establecieron fórmulas de reclutamiento obligatorio que implicaron a los municipios mediante sistemas que iban desde las levas forzosas, la creación de milicias y Tercios Provinciales, el reclutamiento a través del vecindario, el repartimiento de soldados o su sustitución por cantidades de dinero8. En lo que se refiere a las milicias, destinadas principalmente a «la defensa comunal y la guerra en escenarios próximos y durante cortos períodos de tiempo»9, estaban integrados por los habitantes de las ciudades y pueblos; por lo general, sus diferentes reglamentos recogían expresamente su empleo en la defensa de las fronteras interiores, al tiempo que, voluntarios o no, seguían siendo considerados civiles que tomaban las armas eventualmente (y como 6  AGS, GA, legajo 2.376, Orden Real del Consejo de Guerra al presidente de la Chancillería de Valladolid, 16/10/1677, apud: Rodríguez Hernández, 2011, pág. 48. 7  Contreras Gay, José: «El siglo XVII y su importancia en el cambio de los sistemas de reclutamiento durante el Antiguo Régimen», en Studia Historica. Historia Moderna, nº. 14, (1996), Revista de Historia Militar, 123 (2018), pp. 47-80. ISSN: 0482-5748 pág. 144. 8  Rodríguez Hernández, 2011, pág. 48. 9  ontreras, 1996, pág. 143.


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