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Revista de Historia Militar 123

DURA LEX SED LEX... 51 «…Y aunque se les obligue al servicio militar, no hay fuerza o violencia en la censura legal, porque por la fuerza entendemos la atroz e indebida, no la que hace el Magistrado en cumplimiento de su cargo y nadie duda sea obligación suya limpiar la República de éstos y otros semejantes hombres…»20 Sin embargo, el reclutamiento de vagos y ociosos también fue el origen de numerosos atropellos; ante la necesidad de completar el cupo asignado a un municipio, con frecuencia se generaban auténticas cazas de hombres con el beneplácito de corregidores y ministros de Chancillerías y Audiencias21. De la misma forma, las autoridades locales aprovechaban la circunstancia para ejercer venganzas de carácter personal o, simplemente, se incluían en las listas a los que menos recursos tenían para evitar ser reclutados. En definitiva, al tiempo que se prestaban a las corruptelas, las levas de vagos podían ser arbitrarias e injustas al ser ejercidas «sobre algún infeliz, que no tenga espíritu para la guerra, y que sea tal vez el mejor vecino para la quietud de su Lugar, para la asistencia de sus pobres padres, y para la cultura de los campos, o para el ejercicio de algún Arte»22. En muchas ocasiones los supuestos vagabundos resultaron ser antiguos desertores, los llamados tornilleros («soldados … que tienen por oficio el venderse y huirse de los caminos»)23; al mismo tiempo, muchos ociosos, ante la posibilidad de ser reclutados, se alistaban voluntarios para percibir la prima de enganche. Los presos por delitos leves eran también candidatos idóneos para ser incluidos en estas levas; no sólo se proponía la conmutación del tiempo de sus penas por el del servicio militar, sino que, en muchas ocasiones, se dictaba de forma directa una condena a campañas (en número equivalente a los años de cárcel)24, lo que implicaba el servicio en la tropa, generalmente en un presidio del norte de África. Con esta amalgama de candidatos, es comprensible que la leva de vagamundos tan sólo proporcionara un tipo de soldado de ínfima calidad, que realizaba el servicio de las armas con apatía, que desertaba a la menor ocasión (e inducía a otros a que le imitaran) y que minaba la moral de los verdaderos profesionales: 20  Ibíd., pág. 53. 21  Rodríguez Hernández, 2011, pág. 168. 22  Oya (op. cit.), pág. 46. 23  Memorial de Lope de los Ríos, sargento mayor de provinciales, remitido al rey en 1663, apud: Clonard, Serafín María de Sotto y Abach (conde de): Historia orgánica de las armas de Infantería y caballería españolas desde la creación del ejército permanente hasta el día (16 vols.), varios editores, Madrid, 1851-1859, Vol. 3, pág. 421. 24  Rodríguez Hernández, 2011, pág. 169. Revista de Historia Militar, 123 (2018), pp. 51-80. ISSN: 0482-5748


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