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Revista de Historia Militar 123

54 JOSÉ RAMÓN CUMPLIDO MUÑOZ La medida decretada en ambas ordenanzas no dio los resultados previstos, ya que en la ordenanza de la siguiente quinta, convocada el 13 de noviembre de 1726, se mencionaba de forma expresa en su artículo 2, que habían sido presentados como vagos viandantes, jornaleros y otras personas, contra los que se había ejercido la violencia. Para evitar nuevos abusos, la ordenanza prohibía que se presentaran vagabundos o desertores como sustitutos de un número equivalente de quintados: «Por los abusos que se practicaron en las ocasiones de otras levas o quintas en que mandé, para el mayor alivio de los pueblos, que presentando desertores y vagamundos se les admitiese en lugar de quintados, pues no sólo no ejecutaron algunas Justicias esta orden con la legalidad que se requería y hubiera sido tan conveniente al bien público, pero dieron motivo a muchos recursos y quejas por las violencias y extorsiones que se practicaron de aprehender por vagamundos a viandantes, jornaleros y otras personas, es mi ánimo que la gente que en cada pueblo se hubiere de levantar, sea precisamente por sorteo; y que no se admitan vagamundos, ni desertores, ni se pongan substitutos en lugar de los quintados a quien tocare la suerte, dejando en su fuerza y vigor lo que está mandado y previenen las órdenes en cuanto a desertores; y por lo que toca a vagamundos, se aplicarán para reclutas voluntarios de los Regimientos, observando lo que en orden a ello se previene en la instrucción de los intendentes, fin de que entren en el número de los quintados que hubiere de dar cada lugar».32 Estos artículos no parecían ser aplicados con la firmeza que exigía un mandato real, ya que los reglamentos para las quintas de 173133 y 173334 copiaban literalmente este párrafo (la quinta de 1732 se realizó bajo el mismo reglamento que la precedente). Las medidas contra vagos estaban contenidas en la correspondiente Orden Real que convocaba el proceso de quintas por lo que, atendiendo a la legalidad, no correspondía su aplicación una vez concluido el reclutamiento. Por lo tanto, el 19 de diciembre de 1733 Felipe V se vio en la necesidad de reiterar las disposiciones sobre vagabundos, debido a «la desidia con que hasta aquí se ha tratado», e instaba a los Justicias a que quienes «fueren hábiles y de edad competente para el manejo de las armas, se pongan en custodia, para que, dándome cuenta, los mande destinar a los regimientos que sea conveniente».35 32  AHMV, Moderna, primera C, Quintas, Caja 1ª (1726-1733), doc. 2, f. 2 v. 33  Ibíd., doc. 3, f. 2 v. 34  Ibíd., doc. 4, f. 2 v. 35  Novísima recopilación… 1805, Vol. 1, Libro XII, título XXXI, pág. 431. Revista de Historia Militar, 123 (2018), pp. 54-80. ISSN: 0482-5748


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