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JOSÉ PEÑALVA ACEDO Los destructores británicos HMS Boreas y HMS Kempenfelt vistos desde el Canarias. (Foto: archivo del autor). hundirla o dejarla fuera de combate. Así se lo expresé al almirante Ubieta, diciéndole “Don Luis: ¡a por ellos, que son nuestros!”» (17). Solo Benavides apoyó la decisión de Ubieta y, a la vez que aporta nuevos datos, fiel a su estilo manifiesta que la respuesta de Ubieta a Alonso fue: «“¿Está usted loco? ¿quiere que estropeemos la victoria con alguna desgracia?” (…) Seguramente Ubieta (…) debió sentir el deseo de arrojarlo al agua. (…) La persecución del enemigo no era posible porque el Libertad se quedó en las salvas con tres calderas; los tapones de los tubos saltaron con los disparos. (…) Pero además, de vuelta a Cartagena, descubrióse que el crucero Méndez Núñez (…) traía los cañones en posición de trinca, es decir, sin moverlos y con el alza a cero, o sea, que no había intentado disparar» (18). Se ha comentado el hecho de que la flota republicana desconocía la presencia del convoy. De no haber sido así, ¿deberían los buques leales haberse lanzado a su caza? Probablemente no, porque el contacto con el convoy habría sido bastante complicado, toda vez que, como más arriba se ha visto, había que cambiar la formación de las naves. Además, un ataque de este estilo habría resultado una temeridad porque, en cualquier maniobra, la flota de Ubieta se podía haber encontrado entre los cruceros nacionales y la costa africana, con consecuencias inimaginables, sobre todo tras haber gastado la mitad de sus torpedos. (17)  ALONSO GONZáLEZ, B.: op. cit. (18)  DOMíNGUEZ BENAVIDES. El Méndez Núñez ya demostró carencias en Cherchel, donde fue incapaz de realizar un solo disparo debido a problemas eléctricos. 110 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 141


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