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EL COMBATE DE CABO PALOS (6 DE MARZO DE 1938). EL HUNDIMIENTO DEL... En el bando nacional se pecó de excesiva confianza, con el agravante de contar con unas dotaciones hastiadas (y potencialmente combativas) por la monotonía de este tipo de misiones, la casi inexistente cooperación con la Aviación Legionaria ―los reconocimientos tan solo se efectuaban «¡cuando no podían hacer otra cosa!» (19)― y la falta de escolta por parte de los destructores de procedencia italiana, por lo común averiados, que habrían proporcionado mayor libertad a los cruceros en el caso de un combate como el que se produjo. Más arriba se ha indicado que se desconocía la salida de la flota republicana, si bien es cierto que se tenían indicios de que estaba en ciernes una operación de estas características, merced a un artículo publicado en el órgano de aquella, La Armada, que rezaba: «La Flota se apresta a salir en busca del enemigo» (20), y a una nota informativa del Servicio de Información Naval (21) que alertaba de una eventual acción sobre los cruceros, acción que fue considerada posible por el almirante Cervera pero que Burgos desestimó. Se ha criticado el excesivo uso de los iluminantes por parte de la División de Cruceros, aunque esta profusión estaba apoyada en la preceptiva de la época (22). El mismo Ubieta manifiesta que a sus cruceros «es muy necesario el proporcionárselas las bengalas» (23). Sin embargo, el teniente de navío Manuel Cervera, oficial superviviente más antiguo, manifiesta en el informe sobre las causas de la pérdida del Baleares que el uso de bengalas debe restringirse «a bombardeos de objetivos fijos y conocidos o a iluminar blancos perfectamente situados, pero nunca sin esta certeza, pues puede servir para que un enemigo en situación opuesta a la que se supone reconozca y descubra perfectamente al que dispara el luminoso» (24). Es imposible saber si en el puente del Baleares se había identificado el blanco, pero probablemente el uso de iluminantes fue un grave error, ya que la visibilidad era bastante buena aquella noche y la División de Cruceros estaba suficientemente preparada para efectuar disparos nocturnos de una forma efectiva, como hizo el Libertad con mucha menor preparación. Señala el mismo oficial también como un error la excesiva precaución a la hora de disparar, ya que no se podía hacer «sin orden expresa del puente», añadiendo que «con una perfecta información que deben tener los buques en operaciones de la situación de las fuerzas propias, no cabe duda que todo buque apagado en la costa roja ha de ser enemigo» (25). (19)  GRETTON, P.: El factor olvidado. (20)  MORENO DE ALBORáN Y REINA Y MORENO DE ALBORáN, S.: op. cit. (21)  Ibídem. (22)  CEREZO MARTíNEZ, R.: op. cit. (23)  UBIETA, informe. (24)  CEREZO MARTíNEZ, R.: op. cit. (25)  Ibídem. Año 2018 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 111


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