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DAVID RUBIO MÁRQUEZ Entretanto, los astilleros nipones de Kobe habían botado el acorazado Kaga, de 40.000 toneladas, calificado por El Heraldo de Madrid como el «más grande del mundo» (34). El Reino Unido procedía a la suspensión del contrato para la construcción en los astilleros de Clyde de «tres super-dreadnoughts ». La causa alegada para tomar esta decisión no era sino económica: «… permitirá hacer una economía de centenares de libras esterlinas» (35). Estados Unidos, por su parte, anunciaba que «seguirán las construcciones navales de guerra hasta que la Conferencia logre concertar acuerdos» (36), como forma de presionar a Japón. Junto con los capital ships, en el proyecto también fueron objeto de atención los cruceros, destructores y submarinos. La proposición inicial norteamericana fijaba una limitación del tonelaje de los cruceros rápidos, conductores de flotilla y destroyers de 450.000 toneladas tanto para el Reino Unido como para Estados Unidos, y de 270.000 para Japón. No se tomó en consideración (37). El comité consultivo norteamericano demandaba 90.000 toneladas de submarinos para el Reino Unido y Estados Unidos, y 40.000 para Japón. Los sumergibles eran una materia muy «propicia a la apasionada controversia», especialmente entre el Reino Unido y Francia (38). La revista Vida Marítima hacía un breve resumen de la misma: «Las conversaciones de Washington siguen su curso, y si bien no prevaleció la tesis británica de abolir el submarino, se llegó a un acuerdo entre los reunidos que condicionó severamente su empleo» (39). El jefe de la delegación francesa, Albert Sarraut, había solicitado 90.000 toneladas de submarinos. Argumentaba que eran imprescindibles tanto para conservar el imperio colonial francés en áfrica y Extremo Oriente como para defender las costas metropolitanas. Balfour, que defendía la abolición del submarino, respondió al representante francés que los «submarinos sólo podían ser empleados en violación de las leyes de guerra. Era una amenaza muy seria; pero Inglaterra la afrontaría si era necesario» (40). Sarraut, para (34)  «¡Y hablan del desarme!», en La Acción, 19 de noviembre de 1921; «Un acorazado japonés», en El Heraldo de Madrid, 19 de noviembre de 1921. (35)  «La Conferencia internacional del desarme», en El Imparcial, 19 de noviembre de 1921; La Correspondencia de España, Informaciones del Extranjero, 23 de noviembre de 1921. (36)  «La Conferencia del desarme», en La Libertad, 19 de noviembre de 1921; «La Conferencia de Washington», en El Heraldo de Madrid, 15 de noviembre de 1921. (37)  «Resultado de la Conferencia de Wáshington» (sic), en Revista General de Marina, t. LxxxxII (mayo 1923) p. 615. (38)  «Hierro viejo», en La Voz, 9 de enero de 1922; Vida Marítima, La Situación Internacional, núm. 703 (30 de noviembre de 1921), p. 342. (39)  Vida Marítima, La Situación Internacional, núm. 706 (15 de enero de 1922), p. 5. (40)  FABRA: «La Conferencia de Washington», en El Sol, 21 de diciembre de 1921; MARFIL, Ramiro de: «La cuestión de los submarinos. La disputa anglofrancesa», en El Sol, 4 de enero de 1922. La suspicacia británica aumentaba como consecuencia de la publicación de un artículo en una revista naval francesa en el cual se argumentaba que los sumergibles garantizarían la derrota de las Armadas extranjeras. Por su parte, según recogía El Sol, la prensa británica, recordando la pasada experiencia bélica, sostenía que los sumergibles no eran nada más que armas ofensivas: «Todo el mundo sabe que Francia, o cualquier otro país que se vea apurado en una guerra futura, encontrará alguna excusa para seguir el precedente alemán de “guerra submarina ilimitada”». 18 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 141


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