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LA CONFERENCIA SOBRE LIMITACIÓN DE ARMAMENTO DE WASHINGTON... Un derivado de la Conferencia de Washington fueron los cruceros de desplazamiento uniforme no superior a 10.000 toneladas y armados con cañones de 203 milímetros. La no inclusión de este tipo de barcos en el total del tonelaje regulado por el acuerdo desencadenó un programa de desarrollo sustancial de cruceros pesados, conocidos como «Washington». Los primeros navíos de este modelo tendieron a superar los 30 nudos que desarrollaban los británicos tipo Hawking, imperantes en aquella época, dándose prioridad a la autonomía sobre la protección (61). Estaban capacitados para la doble misión de corsarios y anticorsarios. Los pioneros de esta clase fueron los franceses Duquesne y Tourville, de 1925 y 1926, con ocho cañones de 203 milímetros, ocho de 75 y ocho de 37. Montaban también seis tubos lanzatorpedos de 533 milímetros. Su velocidad máxima era de 33 nudos, y su autonomía, de 5.000 millas a 15 nudos. Además, contaban con catapulta y dos hidroaviones para reconocimiento. Su gran inconveniente era la falta de protección, que los hacía susceptibles de sucumbir a un disparo bien dirigido de artillería de mediano calibre (62). Aunque España no firmó los acuerdos de la Conferencia de Washington, decidió atenerse a los límites acordados en ellos. Honorio Cornejo, ministro de Marina, el 9 de julio de 1926 aprobaba, con apoyo personal de Primo de Rivera, la construcción en Ferrol de tres cruceros de 10.000 toneladas de desplazamiento a 87 millones de pesetas la unidad, más 7,5 millones de pesetas para municiones. Solamente se construyeron dos: el Canarias y el Baleares. El tercero, por real decreto de 16 de mayo de 1928, fue suprimido. A pesar de que la Conferencia Naval Washington creó las condiciones idóneas para uno de los más importantes desarmes navales de la historia, desde la prensa española se apuntaron algunas críticas. Se señalaba la «notoria buena fe con que los yanquis intervienen en esta clase de asuntos internacionales », recordando la utópica propuesta de Wilson para poner fin a la primera guerra mundial (63). «Los ilusos creyeron que el Tratado anulaba toda posible competencia, sin parar mientes en lo limitado de solo buques de línea» (64). También se mostraba en desacuerdo sobre los límites fijados para las toneladas de los capital ships: «¿Por qué entonces no reducir el límite a 250.000, y por qué no a 25.000?» se podía leer en El Sol. La Correspondencia de España formulaba similar interrogante: «¿Por qué ha de autorizarse a esta o a la otra Potencia medio millón de toneladas, si la reducción puede ser mayor?» (65). (61)  THURSTON, George: «La influencia de la Conferencia de Washington en los proyectos de buques», en Revista General de Marina, t. LxxxxII (marzo 1923), pp. 313-314. (62)  Características de los cruceros, en «Acerca de los nuevos cruceros», Revista General de Marina, t. CxIII (diciembre 1923), pp. 811-814; «Los modernos cruceros rápidos», ibídem, t. xCVI (enero 1925), pp. 50-67. (63)  ESTEBáNEZ, P. Maximiliano: España y América, Extranjero, núm. 1 (1 de enero de 1922), p. 76. (64)  «Algo sobre política naval», en Revista General de Marina, t. xCV (septiembre 1924), p. 376. (65)  «Crédito de Confianza», en La Correspondencia de España, 16 de noviembre de 1921; BAEZA, Ricardo: «La limitación de los armamentos navales no evitará las guerras futuras », en El Sol, 29 de noviembre de 1921. Año 2018 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 23


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