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CORTÉS Y EL MAR navegación infantil no pudo ser más que sobre un río que se llama nada menos que Sequillo); incluso sucedió a nivel especulativo o de gabinete (Martín Cortés, de Bujaraloz, sin relación alguna con el conquistador ni con su padre ni con dos de sus once hijos) e incluso a nivel experimental (Porter Casanate, también zaragozano), por poner algún ejemplo. Siempre sin olvidar jamás que el barco era considerado la más ingeniosa y avanzada máquina, pero también la de manejo más complicado. El refranero marinero es muy ilustrativo al respecto, ya que menciona todas las facetas que atañen al marinero, al mar y a la nave, y ya decía Don quijote a Sancho que no hay refrán que no sea verdadero. Y es precisamente Alonso quijano quien se admira al ver el mar por primera vez en Barcelona, y Cervantes lo expresa con su humor característico: «Tendieron don quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces dellos no visto; parecióles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera que en la Mancha habían visto; vieron galeras…» (8). Pero ¿qué tiene esto que ver con Cortés y el mar? La mar es bella e ingrata, puede ser atractiva y aterradora; y en cualquier caso, es el medio por el que hubieron necesariamente de moverse cuantos iban a las Indias. Podía ser un ámbito terrorífico e ignorado, pero todos se enfrentaron a él cuando convino a sus planes. En todos los pasajeros a Indias, el mar se mostraba como necesidad, y el barco, como instrumento. Pero ¿qué rol jugó Cortés en la mar o en la navegación, que no es lo mismo? Cuando se habla de Hernán Cortés se piensa en el paradigma de conquista (del mundo azteca) o en un explorador alocado (de las Hibueras); en un consumado donjuán compañero de correrías del gobernador Diego Velázquez, o en su relación con doña Marina o como un malvado guerrero pintado por los grandes muralistas que está unido al imaginario de Cuauhtémoc o de un consumado diplomático entre las naciones indias de Mesoamérica o de un hábil luchador frente a Pánfilo de Narváez y los hombres de Diego Velázquez, que le había nombrado, o también, finalmente, es visto como un inteligente político para hacerse perdonar y luego premiar por Carlos I. Pues, además de todo ello, tuvo que enfrentarse al mar y tomar decisiones importantes cuyo resultado difiere del obtenido en tierra firme; es preciso subrayar las que muestran especiales características, problemática, repercusiones y valoración del personaje. Cortés compatibilizó la exploración con los descubrimientos; y si en lo primero se mostró como un consumado jefe guerrero, en los segundos no dejó de ofrecer una actitud decidida y una insuperable capacidad innata. Supo conjugar dos elementos capitales del mando (el riesgo y la prudencia) para salir triunfante de una empresa que podía preverse poco honrosa para su persona, para un capitán, y se mostró insólita. (8)  Don Quijote, 2.ª parte, cap. LxI. Año 2018 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 63


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