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armas foráneas no eran óptimas en escenarios indianos, y los españoles adoptaron, por ejemplo, la cota de algodón (19), muy resistente a las flechas y macanas que tan bien defendían de las estocadas de las espadas que se embutían y embotaban o entorpecían en su fibra (20). En todo caso, el combate en sí mismo no fue el acto concluyente; en él, la táctica de indios y españoles jugó un papel más decisivo que las actuaciones personales; los indios, porque el objetivo personal deseable era la captura de prisioneros; para los españoles, la supervivencia. La hueste era conocedora de las críticas que se le hacían, de las grandes matanzas que se le atribuían. Transcurridos cuarenta años desde los acontecimientos, hacia 1568, cuando se CORTÉS Y EL MAR García Holguín captura a Cuauhtemoc. MAM concluyó la escritura de la Verdadera historia de la conquista, recordando los hechos y conociendo las valoraciones que se habían ido haciendo de ellos, Díaz del Castillo (I, p. 35), irritado por lo que había leído en Gómara e Illescas, calificó las palabras de esos autores como groseras y sin primor y de que no hablan de lo que pasó en la Nueva España… Tanto les daba poner 80.000 como 8.000, de aquellas matanzas… y se pregunta «cómo tenían tanto atrevimiento y osadía de escribir tan vicioso y sin verdad, pues que sabemos que la verdad es cosa bendita y sagrada». Bernal no puede ser más duro al juzgar al panegirista que ellos) o gratos (nueve meses después del encuentro con las indias nacían unos preciosos niños iguales que los suyos, lo que tampoco era una novedad en algunos territorios, como lo demuestra la primera familia hispanomaya de Gonzalo Guerrero). El profesor Rojas afirma que la interpretación formulada de que los españoles eran tenidos por teules (dioses), fue un error de interpretación originado al derivarlo del concepto teotl (dios) en vez de hacerlo proceder de tecutli o tecuhtli (señor, cacique). (19)  «Todos llevábamos armas de algodón» (DíAZ DEL CASTILLO, 1982, I, p. 22). (20)  Lanzas y lazos, macanas, porras, hachas y otras maderas tan duras como el metal, que ni flotan (guayacán, chonta); con cabeza de piedra estrellada con punta de metal trabajada en formas de aristas puntiagudas extraordinariamente contundentes por su magnitud, peso, fuerza centrífuga; espadas con filos dentados, hondas, canoas. Tenían un entrenamiento frecuente, gladiatorio o “florido”, perfecto también como entrenamiento para en combate y suficiente para anular a los españoles (CUESTA, 2018). Los indígenas eran muy efectivos con sus armas, podían cortar -quizá hiperbólicamente- la cabeza de una yegua de un solo tajo (DíAZ DEL CASTILLO, I, p. 121) y los cronistas no dejaban de encomiar la excelencia de los arqueros Cuando los indios fueron aliados, fabricaron flechas de excelente calidad con gran rapidez (8.000/pueblo), unas 50.000, dice Bernal (DíAZ DEL CASTILLO, I, p. 362). Año 2018 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 75


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