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MARIANO CUESTA DOMINGO de Cortés: más bien le parece que Gómara fue aficionado a hablar tan loablemente del capitán Cortés y tenemos por cierto que le «untaron las manos», conclusión que alcanza por los apoyos que tuvo y porque nunca rectificó. Y todas estas afirmaciones quedan reforzadas por las expresiones que incluye en el preámbulo a su obra, por cuanto se reconoce como no latino e ignorante del arte de marear y que escribe en respuesta «de lo que han dicho (…) personas que no alcanzaron a saber ni lo vieron ni tener noticia verdadera (…) salvo hablar a sabor de su paladar» (21). En el Nuevo Mundo no había términos análogos a los del Viejo en cuanto a militares y guerra. En las Indias se formaron grupos, gente, voluntarios que por lo general se enrolaban por lo que duraba una campaña, fuerza de tipo espontáneo, improvisado, compuesta de gente con capacidad de iniciativa y a sus propias expensas, que no respondían al perfil castrense ni de instrucción, estrategia, táctica, contractual o formal. En cualquier caso, fueron el germen de los militares en América (Cuesta, 2014). La ambición no tiene límites, el poder tampoco. Nuevos horizontes Establecido el poder en México-Tenochtitlan, se procedió a gobernar, legislar y colonizar, también a conocer y asimismo a ampliar horizontes geográficos, a descubrir, a explorar, a colonizar. Fue la cimentación y primera construcción de la Nueva España de forma radial, desde el centro del Anáhuac hacia la periferia, con el afán de «saber los secretos de la tierra» y, también, del mar (Cortés, 2003). Y en ese sistema hizo acto de aparición en el teatro de operaciones un nuevo escenario: el océano Pacífico, un inmenso mar en el cual Hernán Cortés ejercitó sus facultades a instancias de la Corona, del poder, y por propia iniciativa, ambición (PORTILLO, 1982, y LEÓNPORTILLA, 1985). Balboa y Alvares habían abierto sendas ventanas al Mar del Sur en 1513 (aquel por el oriente, este por el occidente del océano) (22); los españoles, cara al nuevo mar; los portugueses, de espaldas a este. En 1519 Magallanes había capitaneado una expedición que halló el «Paso», cruzó el océano Pacífico y alcanzó las islas Filipinas donde, por metomentodo, halló la muerte (27 de abril de 1521). Las vicisitudes de la armada, su dispersión y demás incidencias (21)  Díaz del Castillo (1982, I, p. 34) también menciona las armas en su capítulo cuarto y, posteriormente, dice: «Pues de aquellas matanzas que dicen que hacíamos, siendo nosotros cuatrocientos y cincuenta soldados los que andábamos en la guerra, harto teníamos que defendernos no nos matasen y nos llevasen de vencida, que aunque estuvieran los indios atados, no hiciéramos tantas muertes, en especial que tenían sus armas de algodón, que les cubrían el cuerpo, y arcos, saetas, rodelas, lanzas grandes, espadas de navajas de como a dos manos, que cortan más que nuestras espadas, y muy denodados guerreros». (22)  En una rara casualidad, Vasco Núñez de Balboa se asomó al Mar del Sur en el golfo de San Miguel, cerca de las islas de las Perlas. Jorge Alvares, desde Malaca, alcanzó la isla de Lintin (Nei Lingding, en el río de las Perlas, en la China Ming, entre Macao y Hong Kong). CUESTA, 2013, p. 51. 76 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 141


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