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MARIANO CUESTA DOMINGO de las Cañas» en náhuatl) llegó a ser uno de los factores decisivos en ese binomio multiplicador de buques y bases; si en esa ecuación un término es cero, el producto también lo será. Dos simples bases (Manila y Acapulco) y un galeón (el de Manila o la China) se mostraron suficientes durante siglos para asegurar el contacto, comunicación, política y economía en el Pacífico norte hispánico. El medio ofrecía a los nativos (de cultura material escasamente evolucionada) poco más que la supervivencia, y ningún aliciente para los foráneos; las inversiones y gastos fueron cuantiosos, la posterior producción de perlas en California constituyó un incentivo ulterior e insignificante para los foráneos sobre un espacio de cartografiado leve, lento en la rectificación de errores, con buen cálculo de latitudes y con breves explicaciones ilustradoras, sobre un ámbito con ostentosas dificultades náuticas que llegaron a plasmarse en la toponimia (punta de Abreojos), siguiendo el magisterio del refranero («Aunque la mar sea honda, echa la sonda»), en parte, y premonitoria para Cortés y otros (isla y canal de Salsipuedes). La resultante de la actividad naval de Cortés en el Pacífico no se vio adornada por éxitos fulgurantes. La periferia septentrional del gran imperio azteca (norte de la Nueva España) en la que se movió Hernán Cortés, incluida la marítima en el Mar del Sur, era un área marginal (Mar de Cortés, península de California y hacia el norte) y ofrecía resultados muy elementales como contribución a los descubrimientos geográficos. En el Pacífico meridional, sus hombres, en uso de su iniciativa asumieron un gran riesgo; ignoraban que también era una gran imprudencia. La reiterada falta de éxito de Hernán Cortés en el océano Pacífico llevó a otros protagonistas a proseguir en el reconocimiento costero desde Acapulco y San Blas hacia el norte; la complejidad náutica se manifestó como un grave problema. El éxito económico fue exiguo durante mucho tiempo, pero pareció abrir una ventana al optimismo; las perlas produjeron ese efecto en personajes diversos y en varias compañías que actuaron hasta el siglo xVIII, un tiempo en que la fachada del Pacífico norteamericano fue delineada con suficiente claridad, cuando la ruta del Galeón estaba bien definida. Cortés se había mostrado como un excelente capitán de guerra; sus éxitos como tal son considerables. Otra cosa fue su peripecia como capitán de mar; su actividad náutica, que tuvo un papel importante, no logró un éxito análogo al logrado como capitán de guerra y, sin embargo, sus repercusiones son evidentes en la contribución al impulso para el conocimiento del océano Pacífico, de la fachada oriental del Nuevo Mundo; también son manifiestas en la cartografía y en la toponimia. Concretamente, la cartografía atribuida a Cortés lo fue de carácter náutico, no continental. En consecuencia, puede aceptarse que el rol de Cortés en la mar tuvo su importancia, porque su acción náutica fue valiosa por más que su fama en territorio continental sea renombrada. 88 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 141


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