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Editorial Conferencias sobre el Poder Aéreo (APC) Regularmente se organizan conferencias sobre R el Poder Aéreo (APC en sus siglas en inglés) para exponer y debatir puntos de vista, oportunidades y desafíos dentro del ámbito aeroespacial. A ellas asisten los jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas de numerosas naciones, directivos de las industrias de defensa de todo el mundo y conferenciantes de renombre. Durante el presente año, Grecia, Israel y Australia han sido algunas de las naciones anfitrionas, aunque la última APC tuvo lugar en Londres los pasados días 11 y 12 de julio bajo el título Building the Next Generation Air Force. Como es natural, aunque se tomen como referencia la situación y prospectiva de la fuerza aérea organizadora del evento, muchos de los desafíos, necesidades y prioridades que se identificaron son comunes a la mayoría de las fuerzas aéreas y, en particular, nuestro Ejército del Aire. En este sentido, se ha podido comprobar cómo la descripción realizada del entorno estratégico (complejo, de rápida evolución y en el que conviven amenazas identificables con otras de características difusas e inciertas) está perfectamente alineada con la descrita en nuestra Estrategia de Seguridad Nacional. Se habla de amenazas «todo espectro», a las que habrá que hacer frente con medios propios de características similares, cuya efectividad dependerá, en gran medida, de contar con el personal, material e infraestructuras adecuadas para su empleo. La gestión de estas amenazas «todo espectro» son responsabilidad en muchos casos de las fuerzas aéreas y prioritarias para el Ejército del Aire. En el área de capacidades se resalta la importante dependencia tecnológica propia de E cualquier fuerza aérea, que a su vez es reconocida como una vulnerabilidad ante posibles ataques de un potencial adversario. La ciberseguridad y, en su conjunto, la explotación del dominio ciberespacial tienen ya un papel fundamental, considerando que, en cualquier conflicto actual y futuro, los ciberataques y la perturbación del espectro electromagnético serán la norma. El dominio de la información va adquiriendo un mayor protagonismo por la necesidad de adaptar la velocidad en la toma de decisiones a aquella a la que se suceden los acontecimientos. De ahí la necesidad de fusionar fuentes de información tradicionales y no tradicionales que permitan obtener los indicios y alertas que faciliten el lanzamiento de la campaña aérea en caso de ser necesaria y, por otro, facilitar el mando y control de la misma. La capacidad de inteligencia, vigilancia y reconocimiento de las fuerzas aéreas tiene y tendrá un papel esencial. En el ámbito aeroespacial, la aportación que harán –y que ya hacen en algunos casos– las aeronaves de quinta generación (incluyendo E en esta denominación todos los conceptos del tipo FCAS –Futuro Sistema Aéreo de Combate–, manejados por la mayoría de fuerzas aéreas) se antoja fundamental, pues entra de lleno en el control del dominio cibernético y de toda la información que por él circula. Sin olvidar tampoco el papel primordial que las capacidades espaciales vienen desempeñando en las operaciones y que en nuestro entorno ya está asumido como un rol más de la fuerza aérea. A este respecto, en el editorial del mes pasado se describía el embrión de la capacidad de vigilancia espacial y el nivel de ambición al que debe aspirar España en el dominio aire-espacio, poniendo de relieve el papel esencial y el liderazgo que debe ejercer el Ejército del Aire como máximo responsable del poder aeroespacial. En cuanto al elemento humano capaz de hacer frente a los nuevos retos que las amenazas demandan, se presenta como desafío el retener a ese personal altamente cualificado cuya formación y adiestramiento es larga y costosa. Es este un problema común a las fuerzas aéreas de nuestro entorno y, particularmente, en el caso del Ejército del Aire, en el que tanto el número de efectivos totales como su porcentaje en relación al conjunto de las Fuerzas Armadas están muy por debajo de lo habitual en países con fuerzas de entidad similar a la nuestra. La solución a este problema no es universal y dependerá en gran medida de la flexibilidad para adaptar los sistemas de gestión de personal a la situación económica y social del momento. REVISTA DE AERONÁUTICA Y ASTRONÁUTICA / Octubre 2018 707


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