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de guerra y 12 victorias, se entregó a las fuerzas nacionales en el aeródromo de Rabasa; hecho prisionero, acogido a una amnistía, salió de la cárcel en 1943 y falleció en Barcelona en 1981. Madrid y Oviedo, además de aprobar el ingreso en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Era 1936 y todos aquellos proyectos se esfumaron con la guerra. El transcendental 20 de julio se presenta voluntario en el Gobierno Civil de Oviedo, sufriendo hasta octubre el asedio al que fue sometida la ciudad, y haciéndose merecedor de la Cruz Laureada de San Fernando colectiva. En abril, pasó destinado al Servicio de Antiaeronáutica de la zona de León. Solicitado el curso de piloto aviador, la tanda en la que fue incluido se formó en Italia; a su regreso, con el empleo de alférez se integró en los Junkers 52 del 1-G-22, en los que cumplió 150 servicios. Ya teniente, demostrando ser un buen piloto –un «manitas», como se decía antes–, se incorporó a la Escuela de Vuelo Sin Visibilidad que, de Olmedo pasando por Zaragoza, había sido trasladada a Matacán donde, junto a los ya figuras, comandante Manolo Presa y capitán Carlos Pombo, el joven teniente García Conde realiza el curso de profesor. Muy pronto, haciendo bueno al famoso dicho de «solo rompe aviones el que los vuela», pilotando el Ju monomotor W-34 (43-7), en vuelo de instrucción sufre un accidente al tomar tierra en Cuatro Vientos. Declarado «sin responsabilidad», lo que a todas luces se vio, aquel tropiezo no le afectó moralmente, como pudiera haberlo sido, al verse apoyado por sus jefes y aquella piña de amigos de la 2.ª promoción, ahora «protos» en la Escuela, que eran, entre otros, Gregorio Martin Olmedo, José M.ª Cruzate e Indalecio Rego, quienes, como él, se casarían con chicas salmantinas; Emilio, con María Dolores Angoso, quien le dio ocho hijos. Haciendo un paréntesis a la enseñanza del vuelo a ciegas, realiza el curso de tripulantes y se profesionaliza en la Academia de Aviación. De vuelta a Matacán asume, además, la jefatura de la Escuela de Radios. Poseedor del título de navegante aéreo, como tal formó parte de tripulaciones de Iberia, y cruza el Atlántico en varias ocasiones. Ya capitán, continúa mostrando los secretos del IFR a lo más granado del Ejército del Aire y a los luego considerados «brahmanes» de la citada compañía. Al ascender a comandante, toma el mando del Grupo de Entrenamiento y Transporte del EM; y en la Escuela Superior del Aire obtiene la diplomatura de Estado Mayor, con el n.º 1 de su promoción. Adquiridos para el Servicio de Salvamento los excelentes anfibios Grumman Albatross, junto a un puñado de aviadores, marcha comisionado a USA y en la base de Palm Beach (Florida) hace un curso de la especialidad y adaptación al nuevo avión que, con una tripulación mixta, regresa a España en el primero de ellos. El 3 de enero de 1958 en increíble demostración de pericia, el teniente coronel García-Conde resolvía con éxito una grave emergencia. Despegando de Manises con destino a Getafe, en un Douglas C-47, en compañía del 2.º El as y su mascota Por orden que publica hoy el Diario Oficial, se asciende al empleo de capitán por méritos de guerra al teniente Vicente Castillo Monzó. Valenciano de 21 años se formó como piloto en la URSS, incorporándose a su regreso a los Chatos (I-15) de la 2.ª Escuadrilla del Grupo 26. Destacando pronto como buen cazador, participó en el tan sorpresivo como eficaz ametrallamiento al aeródromo de Garrapinillos, anotando victorias y ganándose «a puro huevo», el ascenso a teniente y el mando de la 1.ª Escuadrilla (foto). Participante en las operaciones del Ebro abatió entre otros un Messer (BF-109). Nota de El Vigía: Nombrado jefe del Grupo 26, con 550 horas de Chato, 350 servicios piloto, radio y mecánico, apenas había replegado el tren cuando sufrió la parada de un motor, pudiendo «meterse» en una campa a 10 km del punto de partida (RAA-1-2/2008 (177). Unos meses después, nombrado preceptor del príncipe Juan Carlos de Borbón, que ya había cursado sus estudios en las academias militar y naval, acompañaba a SAR a la Academia General del Aire. En San Javier, cuando tras los dobles mandos comenzaron las «sueltas», vivió apenado la polémica que surgió acerca de la «suelta» del más distinguido alumno. Un informe de su proto, el recordado comandante Miguel Prieto Arozarena decía: «El AA Juan Carlos de Borbón ha demostrado desde el primer momento una no corriente habilidad en todos los aspectos del vuelo, así como una extraordinaria afición a todo lo relacionado con él, asimilando con rapidez todas las fases practicadas hasta la fecha, incluidas –sin intervención por mi parte– barrenas, rizos, toneles lentos e imperiales, sumando 14,20 horas». Consultado el director de la AGA, coronel Salvador –un volador nato–, este la trasladó al ministro del Aire, y uno duda que «Pepito» Lecea –quienes le habían visto volar o lo hicieron con él lo consideraban un pájaro– pudiera negarse; evidentemente, aquella lamentable –a nuestro parecer injusta– orden, venía de «muy arriba». Nuestro futuro rey, entristecido, obedeció. Hace 80 años Valencia noviembre 1938 Alcanzado el empleo de coronel, García-Conde marchó de agregado aéreo a las embajadas de Roma y Atenas; más tarde, para ejercer el mando, sería nombrado director de la Escuela de Helicópteros, aprovechando la oportunidad para hacer el curso. Agregado a la subsecretaría de Aviación Civil, poco después accedía al puesto de director general de Aeropuertos (foto). Muy cerca de la cúpula, en el curso para el ascenso a general es calificado de sobresaliente y, como general de brigada, destinado a la Secretaría Militar del CGEA. Promovido a general de división, marcha a Canarias como jefe del Mando Aéreo; luego de ejercer de 2.º jefe del EMA, año y medio después, al ascender a teniente general, era nombrado JEMA con su equivalente a general de 4 estrellas; había culminado su carrera en lo más alto. Aquel distinguido aviador, admirado y querido, que tanto voló, ante el desconsuelo de los suyos –familiares y amigos– emprendía su vuelo a la eternidad el día del Pilar de 2003. Orgulloso este cronista de haberlo conocido, no se resiste a contar que, quien durante los años 68-69 dirigiera esta revista, confesó al autor ser un seguidor de El Vigía, sorprendiéndose a menudo con noticias inéditas para él y, por la calidad de las ilustraciones, no escatimando elogios y ánimos para continuar. Hace 80 años 890 REVISTA DE AERONÁUTICA Y ASTRONÁUTICA / Noviembre 2018


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