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TEMAS PROFESIONALES etc. Ahí ya aparece, por ejemplo, la posibilidad de instrumentalizar a los inmigrantes chinos (de nuevo, personal civil) como vanguardia de su política exterior (Liang y& Xiangsui, 1999), así como el recurso a los asesinatos selectivos contra líderes extranjeros. A la hora de la verdad, su similitud con la gZ es parcial, debido a que frente al gradualismo típico de la gZ (en la que las hipotéticas escaladas hacia una guerra híbrida o convencional son controladas por sus actores y la apertura de nuevos escenarios es restrictiva), en la Unrestricted Warfare se tiene en cuenta el empleo de esa amplia gama de medidas desde el primer momento, lo cual favorece una mayor coordinación de las mismas. sin duda, en el nivel estratégico, pero, con toda seguridad, también en el operacional e incluso en el táctico. La razón de ser de esta apuesta radica en que se asume como axioma que nada está prohibido (Bensahel, 2017). por contra, la gZ se integra en la lógica del conflicto limitado, pese a que algunos de sus instrumentos y de la Unrestricted Warfare sean similares. probablemente, el celo que los avaladores de la gZ ponen en la no vulneración del derecho internacional (por más que jueguen al límite de la misma) permite distinguirla, a nivel conceptual, de la Unrestricted Warfare. Ahora bien, como quiera que implementar la Unrestricted Warfare sería una fuente de problemas para China y como quiera que dicho Estado desea respetar el derecho internacional al abrazar la tesis del «ascenso pacífico», la gZ acaba siendo la versión suave de la Unrestricted Warfare, no porque se trate de teorías equivalentes (no es el caso), sino porque la gZ es el único escenario, hoy por hoy, que China puede emplear, sin romper la baraja, para aproximarse a los objetivos de la Unrestricted Wafare. De hecho, debido a esa comunalidad parcial de instrumentos, la gZ actual podría ser, llegado el caso, el primer paso para una Unrestricted Warfare futura. no podemos olvidar que el texto de los coroneles Liang y Xiangsui fue publicado en 1999, es decir, cerca de un lustro antes de que en Occidente se lanzase el debate en torno a la gZ. En realidad, China apuesta por estrategias «grises» desde hace aún más años. Algunos expertos indican que, como poco, ese fenómeno se inició en 1992, fecha en la que su Ley del Mar Territorial reclamó la jurisdicción china sobre aguas e islas, ya fuera en disputa o administradas por terceros (holmes & yoshihara, 2017) (3). En época más reciente dicha tendencia se ha consolidado (como política pública), se ha ampliado (en cuanto a su alcance geográfico) y se ha refinado (en lo que respecta a sus métodos), hasta llegar a convertirse en la variante china de la gZ. Lo que la aproximación de holmes y yoshihara sugiere, por lo tanto, es que los primeros devaneos del «Imperio de Centro» con la gZ se producen (3) hacia el final de la guerra fría, China se caracterizaba por una política prudente y hasta generosa en relación con las reclamaciones de otros estados en este tipo de disputas. 2018 559


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