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VIVIDO Y CONTADO de entrar en ferrol para limpiar fondos y preparar la Regata de grandes veleros Lisboa-hamilton y hamilton-nueva york. no tendría nada de particular —¡tantos oficiales y miembros de su dotación, como yo, habrán recibido noticias del nacimiento de algún hijo/a estando en lejanos puertos!— si no fuera por las especiales circunstancias que en este caso rodearon la noticia. El día 15 de mayo de 1964, la cámara de jefes y oficiales del Elcano había sido invitada a un aperitivo y al correspondiente almuerzo en el saint vincent squadron, que era lo más parecido a nuestros cuarteles de instrucción pero muy superior en tamaño y capacidad. Con la debida puntualidad y a la hora prevista hacíamos la entrada en el citado centro una veintena, entre jefes y oficiales, acompañando al capitán de fragata Javier de Elizalde, comandante del Elcano. A «pie de portalón» nos esperaba el capitán de navío Alan Roy Aldous, rodeado de «superior artillería », pues el número de sus oficiales nos doblaba en número. hechas las presentaciones de rigor, comenzó el aperitivo y se fueron formando corrillos en un patio que, aunque de mayor tamaño, me recordaba al del Cuartel de Cartagena. En estas estábamos cuando apareció el cartero del Elcano portando un telegrama urgente que, como era de rigor, entregó al comandante. no hace falta que recuerde que se tenía esta particular costumbre para evitar situaciones penosas en el caso de noticias luctuosas. La expectación hizo que por un momento cesaran las conversaciones en espera de conocer al destinatario. El comandante abrió, con parsimonia, el telegrama, leyó su contenido y levantando la voz dijo: —señores, la mujer del teniente de navío Chereguini acaba de dar a luz, felizmente, un niño en santa Cruz de Tenerife. ¡Enhorabuena, Chereguini! se armó el revuelo correspondiente con las efusivas felicitaciones de españoles e ingleses, y el capitán de navío Roy mandó traer una botella de buen champán a la que solamente tuvimos acceso los dos mandos superiores, el segundo del acuartelamiento y el que suscribe. Antes de entrar en el comedor, mesa de caoba impresionante y pequeño palco, en uno de los extremos de la sala, desde donde una orquesta de cámara nos amenizó el almuerzo, se me había acercado el páter del saint vincent y me había hecho una serie de preguntas acerca de mi religión, de la costumbre de hacer la primera Comunión vestidos de marinero, del nombre del recién nacido y del de su madre, mi mujer. La verdad es que no tuve tiempo a pensar sobre el motivo de sus preguntas que, en la circunstancia de alegría que me embargaba, no me parecieron inoportunas. sí me sorprendió que, al irme a sentar en la mesa, el ayudante del capitán de navío Roy me indicara una silla que se encontraba, precisamente, frente a este. 574 Octubre


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