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que, como en 1745 durante la batalla de fontenoy, se decían frases, bien es verdad que con aviesas intenciones, como: Messieurs les anglais tirez vous les premiers... no termina aquí la sorprendente y bonita anécdota, pues ese mismo día hablé por teléfono con Clemen, mi mujer, y con mi suegro Eduardo Olmos Wandossel que, emocionado y haciendo uso del fair play, canario en este caso, le faltó tiempo para pedirme la dirección del capitán de navío Roy para enviarle a su mujer, a vuelta de avión, un monumental ramo de esterlicias, las del pico «de loro», que según parece es la flor preferida por las británicas cuando visitan santa Cruz de Tenerife.  La segunda parte de esta historia, pues aún hubo una tercera, finalizó años después cuando mi hijo Benito hizo la primera Comunión en Cartagena VIVIDO Y CONTADO el año 72, parroquia de los padres paules, vestido, naturalmente, de marinero, pero llevando orgulloso sobre su cabeza el lepanto en cuya cinta podía leerse «saint vincent squadron». ¡La de veces que tuve que contar a mis compañeros oficiales de la Armada presentes en la ceremonia la anécdota acaecida en portsmouth para justificar y hacerles comprender que no era una traición a la Armada española!  pero aún hay una tercera anécdota íntimamente relacionada con esta, que sucedió ocho años después en new London, Connecticut, Estados unidos, donde me encontraba al mando del submarino Cosme García (s-34) que la Marina de los Estados unidos había cedido y entregado a la Armada española. Durante toda la permanencia en new London nuestras relaciones con todos los mandos de la base —almirante Rice, capitán de navío Willis Arthur Matson II, comandante del submarine squadron Two y capitanes de fragata fletcher, Carr, fellows y harris, el ex del uss Bang, nuestro S-34— no pudieron ser más amistosas, con frecuentes encuentros sociales en sus casas. 576 Octubre


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