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VIVIDO Y CONTADO Digo esto porque en alguna de mis charlas con Jane, la mujer del capitán de navío Matson, le había contado lo sucedido en portsmouth el día en que nació mi hijo Benito, y esta información sirvió, como veremos, para que también un oficial de la us navy tuviera la oportunidad de hacer gala del mismo fair play con el que ocho años antes nos habíamos emocionado en portsmouth. sucedió que Mariví, la mujer del teniente de navío Rego, mi oficial de Comunicaciones, había tenido un hijo, en Cartagena, precisamente el mismo día en que el jefe del squadron Two, capitán de navío Matson, había invitado a la cámara de oficiales del S-34 a una cena en su residencia dentro de la base. Al finalizar la cena, el anfitrión, después de dedicarme un sorprendente guiño de complicidad que tardé en interpretar, procedió a brindar por Mariví, la mujer del teniente de navío Rego, y por francisco, su hijo recién nacido, en términos equivalentes a los empleados años antes por el capitán de navío Roy en portsmouth, solo que cambiando a la reina Isabel II por el presidente nixon. Acto seguido, apareció un marinero llevando sobre un almohadón de terciopelo rojo el clásico gorro de los sailors norteamericanos, que el capitán de navío Matson ofreció al teniente de navío Rego, rogándole que su hijo lo llevara el día que hiciera la primera Comunión. A fair play Royal navy, a fair play us navy. Al recordar hoy, ¡cincuenta y cuatro y cuarenta y seis años después!, aquellos tan sorprendentes como inesperados momentos, tanto en portsmouth como en new London, siento, como si fuera ayer, una emoción especial y un reconocimiento total hacia aquellos dos dignísimos representantes de las marinas británica y estadounidense que, con independencia de credos y políticas nos dieron, al menos a mí, una lección de fair play tan entrañable como inolvidable. 2018 577


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